Hace unos días conté la historia de cómo Farris, el chófer de P., sucumbió en segundos a las exigencias de los agentes de tráfico de El Cairo y cómo, movido por el miedo, les entregó nuestro coche sin saber muy bien por qué lo hacía o de qué infracción se le acusaba.La historia me recordó otras muchas vividas en México, donde la policía era feroz y daba más miedo toparse con ella que con un delincuente. A pesar de todo y habiéndome visto envuelta en las más increíbles situaciones, aquellos uniformados de gafas de espejo y lustrosas botas de montar, nunca consiguieron retirarme mi vehículo aún cuando me amenazaran con los más terribles castigos. Normalmente la donación "obligatoria" de una cantidad, servía para apaciguar a las fieras y que hicieran la vista gorda a una transgresión además, inexistente.
Aquellos encontronazos me sacaban de quicio y a pesar del miedo que me producían los fulanos, no conseguía quedarme callada, algo que desató más de una discusión que de antemano tenía perdida y que acababa con amenazas en ambas direcciones, ellos con llevarme a la comisaría y yo con armar un escándalo diplomático que les iba a sacar ampollas. Cuando la inspección terminaba con un malhumorado ¡circule!, vamos ¡circule!, el miedo me acompañaba durante todo el día y temía que hubieran memorizado la dirección que aparecía en mi pasaporte y que nos hicieran una visita nocturna desagradable. Por fortuna, nunca pasó nada.
Pero regreso de nuevo a los cuentos de El Cairo, a Farris y a los miedos de los miles de refugiados sudaneses que como él, se enfrentan a controles selectivos, que viven de la caridad de iglesias y ONGs, sin derecho a la educación, ni a la sanidad, o a un trabajo que no esté relacionado con el servicio personal o doméstico. Me pregunto por su bienestar, cómo sienten y viven su realidad cotidiana, si no están llenos, además de miedo, de frustración y de ganas de desprenderse de unos brazos que les recogen pero no les amparan y que se convierten en invisibles cárceles de las que jamás se liberan.
Aquí adjunto un vídeo sobre la vida de una familia sudanesa en la ciudad y sus sueños rotos. Espero que os sirva de referencia.




























