
Por fin, después de interminables semanas de trámites conseguí, a principios de agosto, entrar en El Cairo con mi perro, una pastora vasca de armas tomar. Ya se que habrá quien diga, y qué? qué tiene eso de raro?. Bueno, pues para esos espíritus inocentes es esta historia.
Cuando supe que nos mudaríamos a Egipto, primero se me cortó la respiración y luego dí saltos de alegría. Esto puede parecer extremo, pero tenéis que entender que después de vencer el susto que me produjo la noticia, por inesperada, me acordé que toda mi vida había sentido una gran fascinación por los faraones, las pirámides y, como no, por las historias de Naguib Mahfuz. Así que entre una cosa y otra, andaba yo ocupada y lo último que se me ocurrió hacer fue pensar en mi perro. Y no lo hice porque ella, que es muy echada p'alante, se apunta a un bombardeo.
No me faltaron ofertas de amigos que querían quedarse con ella, pero yo me mantenía empecinada en no dejarla en manos de nadie por muy buenas que estas fueran. Y digo esto porque Yola y Edith tienen las mejores del mundo e insistieron en quedársela en "consignación" hasta que yo quisiera regresar. Madre e hija, adorables las dos, estuvieron conmigo muchísimo tiempo organizando la vida familiar y cuidando del chucho-consentido cada vez que salíamos de viaje.
Cuando se enteraron de nuestra partida lloraban y se lamentaban sin poder imaginarse cómo iba a ser la vida sin ella. Supongo que si Gorbea (el chucho) pudiera hablar, también me diría la tristeza que le causó esta separación, acostumbrada como estaba a compartir a escondidas un desayuno consistente en tortas, tamales u otras delicias mexicanas. A veces las pillaba y me miraban con ojos inocentes, pero los relamidos del perro delataban el pecado...otra vez??? pero si eso es picante!!! y así descubrí que mi perro-fino comía más chile que un mariachi.
En fin, pronto puse manos a la obra y comencé a indagar en la web sobre los trámites necesarios para viajar con la mascota a Egipto. El susto que me pegué fue enorme cuando descubrí con espanto, que el perro es un animal impuro en el islam, sí, impuro, habéis leído bien. Y este pequeño detalle hace que el animal sea muy poco popular y lleve, en muchas ocasiones una vida que hace honor a su nombre. Por eso hay varias asociaciones egipcias muy involucradas en la protección del perro, como S.P.A.R.E. y ESMA.
En mis trece por no abandonar al animalillo, investigué y contacte con expatriados en El Cairo, que me confirmaron que las condiciones no eran las mejores. A pesar de todo, dijeron, hay muchos que traen a su mascota...pero ninguno de ellos conocía bien los trámites a seguir.
Después de varios intentos en vano buscando la información de marras, decidí preparar todo para llegar a Alemania, nuestra primera escala, y luego realizar el resto de los trámites allí.
No creáis que esto fue la panacea, la gente andaba igualmente perdida porque las leyes cambian y puede ocurrirte, me decían, que saques a tu can fácilmente y luego no lo puedas repatriar a Europa. Entonces me hablaban de diferentes posibilidades, pero de nada en concreto. Así, que después de muchas vueltas aterricé telefónicamente en la oficina consular del país en cuestión, en la ciudad de Frankfurt.
Llamar allí es una tarea que recomiendo para arreciar el carácter. Uno se pasa horas perdidas marcando y volviendo a marcar y vaya, nadie contesta... Pero un día, lo hacen y te encuentras con que pasas de un auricular a otro hasta dar con alguien que pueda atenderte en alemán o inglés. Si consigues traspasar la primera barrera del idioma y pasas sin más preámbulos a hablar de tu perro, la armaste!! porque no entienden qué interés puede tener un ser humano en semejante animal...entonces se suceden los malos entendidos, la mala comunicación, y te quedas con un pip, pip, pip, pip, perdido y sin saber qué otra puerta tocar.
Pero un buen día recapitulé y me atreví a llamar de nuevo. Y vaya suerte... me atendió un señor encantador que me dijo amablemente lo que tenía que hacer, es decir, ir a Frankfurt, pagar 35 euros y recoger el sello especial para poder realizar el viajecito de marras. Y tan facilito, sin tanto misterio, oye, qué cosas tiene la vida...
Pues bien, así lo hice y me presenté en aquel lugar llena de curiosidad. Había mucho silencio, así que pasé encogida de un despacho a otro, pensando en mimetizarme con los muebles para no levantar sospechas...Bajito, bajito, conté entre susurros la historia del perro con la esperanza de que no me oyeran los otros funcionarios y me sacaran de allí a pescozones. Cuando acabé, el hombretón me miró gravemente, yo agaché las orejas, él levantó las cejas y dijo agitando el aire con la mano, espere fuera.
Lo conseguí! lo conseguí! Después de semanas de certificados, de médicos oficiales, de esperar a que las vacunas reaccionaran, de visitas y más visitas al veterinario, lo conseguí! Me pusieron el visadooooooo.
Y cuando por fin llegué al aeropuerto de Al-Qahira, La victoriosa, con un pasaporte canino lleno de sellos y firmas, nadie me hizo ni caso, naaaaadie!! mi perro apareció como una maleta, es decir, en la cinta transportadora. Dos tipos fornidos cogieron el box y lo colocaron en el carrito y nadie me preguntó nada, naaaaada!!!!!
Y todo esta historia, para qué??? es que no tenemos nada mejor que hacer??? vamos hombre!