Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos...

jueves, 6 de noviembre de 2008

Color, bullicio y pólvora. El barrio musulmán de Jerusalén.


Entro a la vieja Jerusalén por la puerta de Damasco, la zona palestina de la ciudad amurallada. El gentío es impresionante, no cabe un alfiler. Atravieso la puerta a trompicones, entre puestos de calzado, telas, dulces, y carnes recién asadas. El olorcillo rico me envuelve, pero lamentablemente me lo llevo pegado en la ropa durante toda la mañana.

Las calles, estrechas, están llenas de pequeños bazares. El ambiente es como el de cualquier mercado árabe, bullicioso y colorido, con notas musicales que cambian de tienda en tienda y montones de niños corriendo y alborotando. Los vendedores, sentados a las puertas de sus negocios charlan animadamente, pero sin perder el hilo del negocio. Según paso, se levantan y me tientan con toda clase de mercancías, el regateo está servido.

En esta zona, hay muchos militares. Chicos jovencísimos portando armas que realmente impresionan y que me parecen totalmente innecesarias. Todos están en grupos y veo a unos, especialmente jóvenes, que se dejan fotografiar por unos turistas.

W. que ha vivido los últimos tres años en la ciudad, me dice que hay mucha crispación en el ambiente por tantas heridas abiertas. Y lo creo, cada uno apartado en su gheto, no se cruzan, no se miran, unas veces se ignoran, otras se matan.

Sigo por la vía dolorosa, el lugar por donde, según el relato bíblico, Jesús arrastró la cruz. La estrecha calle empedrada está igualmente abarrotada de pequeños comercios. Por si estos no fueran suficientemente bulliciosos, tenemos, además, hordas de turistas con guía incluido que dan a grandes voces las explicaciones, mon dieu! Si desde luego alguno quiere concentrarse y ponerse en situación histórica, lo tiene crudo.

Entro en una tienda y quiero comprarme un pastelito árabe de hojaldre, pero sólo quiero uno porque son muy dulces y luego me sientan fatal. El pequeño hombrecillo me deja escoger y además me regala 4 bolitas de dulce de miel frito. Salgo entusiasmada con mi regalito y pienso que los comerciantes árabes tienen una gracia especial.

Bajo unas escaleras y después de pasar un arco, las calles cambian y el ambiente también. Entonces sé que me encuentro en el barrio judío.

11 comentarios:

Tareixa dijo...

Que gozada esos mercados árabes. Por desgracia solo conozco el de Khalili. Lo visité tres días seguidos, al tercero los vendedores ya nos saludaban y gastaban bromas. A saber lo que decían, seguro se reirían de nosotros, pero no me importó, a mi también me hicieron reir de lo lindo.

Común dijo...

Hola!!!!!!!!!!!!!!!!!

Fe litaciones!!!!!!!!!!!, por estar allí y compartirlo con nosotros.

Me llena de misterios tu viaje, me embriaga de emoción, llevo dentro mío un poquito de sangre musulmana, tal vez sea por eso.
Muy bueno tus relatos, caminaba al lado tuyo.

Un besote y abrazo de oso

Noemí Pastor dijo...

¡Qué cómodo es viajar contigo sin moverme de mi casa!

Jelens dijo...

Ese barrio por lo que describes tiene un encanto especial. Tanta gente junta, tan diferente a la vez, tan crispada, tan enfrentada, tan reunida en sus propios grupos... Todo un encanto como el solo para poder disfrutar y empaparse de una de las más antiguas tierras que tienen historia... Una historia y una cultura no comparable a ninguna.
Difruta de tu regalito :D

la del blog dijo...

me encantan tus posts...consigo verme deambulando por el Cairo según vas contando las historias...

Un saludo

vila dijo...

Que maravilla ese mercado! Los vendedores saben antes de que abras la boca en que idioma tienen que diriguirse a ti!!! Como???? Es Jerusalen...

El Santy dijo...

Se ve que es fantástico pasear por esas calles, lo de los mercados es un doble sentimiento, por un lado es una lástima del atiborramiento de gente que no dejan respirar la história del lugar, aunque por otro lado le dan un aire de vida llevándote a tiempos pasados

Gerald dijo...

Cuéntanos más. Como es el barrio judío ... y el cristiano ... ?? Quiero saberlo todo!! Es fascinante seguir tus pasos.
Saludos, Gerald.

C.Ruiz dijo...

Hola chicos,
gracias por vuestros comentarios. De nuevo estamos de acuerdo, los mercados no hacen vivir las historias de los pueblos y de sus gentes y además, te contagian una cierta alegría.
En el próximo post os llevaré de paseo por el barrio judio...

Un abrazo!

Anónimo dijo...

Pues aqui estaremos Celia esperando ese nuevo paseo....
besitos.

ana maria dijo...

Animo, sigue escribiendo. Huelo el aire lleno de incienso y cardamomo.
Me recuerda al Albahicín.