Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos...

sábado, 18 de abril de 2009

Rumbo al Sultanato de Omán


Estoy sentada en el aeropuerto de Abu Dhabi, esperando el vuelo a Omán.

Hay una pequeña cafetería que en lugar de sillas tiene unos sofás que me recuerdan a Morfeo, así que me he echado en sus brazos y he pedido un té de jazmín, con la esperanza de entrar en calor y olvidarme de un aire acondicionado que sopla como el viento del polo, llegando desapacible a cada rincón.

Me llama la atención que a muchos de los viajeros no parece afectarles en absoluto, porque les veo caminar con ropas muy ligeras. Supongo que llegan de la ciudad, donde la temperatura llegará a unos cuarenta grados.

Las chicas asiáticas, las más modernas, llevan minivestidos y sandalias de lo más fashion, parecen ligeras muñecas de boquita pintada. Las indias, morenas de ojos infinitamente negros y trenza larga azabache van envueltas en saris de seda de colores cálidos, elegantes, como su propio porte. Entre las occidentales hay de todo, pero nada que me llame la atención, excepto una señora que lleva orgullosa un pantalón corto que se le sube por la entrepierna y que apenas le cubre el trasero. Según avanza se le mete por donde no debe, separando su retaguardia en dos grandes jamones. Si lleváramos un espejo retrovisor incorporado, otro gallo cantaría, seguro. En contraposición a todo esto, las mujeres del golfo, que pasean de un lado a otro con sus largas abayas negras de crepé, livianas, flotando en el aire como libélulas.

Enfrente se sienta una madre saudí con tres niños, que aligera mi espera. El entretenimiento es tal que sólo vuelvo a la realidad cuando oigo la llamada al vuelo. Tengo que echar a correr, ya sin pensar en el frío. Adiossssssss.

5 comentarios:

JAVIER dijo...

Se podria decir que eran muchos pequenhos mundos dentro de uno solo. El aereopuerto convertido en pasarela internacional para los ojos de alguien tan observadora como la autora de este blog.
Un abrazo.

Saludos, aun desde Japon.

Anónimo dijo...

QUERIDA AMIGA, COMO SIEMPRE NOS ENCANTA TU BLOG.......SOBRE LA EXPERIENCIA DEL VETERINARIO, TU CUENTO FUE COMO PARA IR A HACER PIS DE LA RISA QUE NOS HA DADO......Y LA DESCRIPCION DEL MINI-PANTALON D ELA TURISTA METIENDOSELE POR EL ENTRECIJO ESTA FABULOSO.......ESPERAMOS CON ANSIA TU SIGUIENTE POST, PARA PEDIR UN CAFE Y HACERNOS A LA IDEA QUE ESTAS CON NOSOTROS CONTANDONOS, ACA EN LA TIENDA, TUS EXPERIENCIAS....UN BESO ENORME
ANTONIO+ALFONSO

Alfredo dijo...

Celia, he escuchado que a esos "pantaloncitos cortos" que se suben y meten en las partes nobles les llaman masturbadores, je, me imagino los jamones. Felíz viaje.

Nativi dijo...

Envidio la posibilidad que tienes de observar el comportamiento de una sociedad tan diferente.
Estuve repasando tu albun de fotos, y encontré algo que me sorprendió. Verás, siempre me gustó la imagen de tu blog, y me preguntaba de donde habría salido,¿una calle, un callejón?, en esa imagen veo la esencia de Egipto.Pues bien, viendo tus fotos la encontré "la mezquita del billete".Ya me contarás lo del "billete", no lo entendí.
Un abrazo.

C.Ruiz dijo...

Javier,
esos lugares son buenos observatorios sobre todo si la espera es larga...suele ser más divertido que cualquier otra cosa!

Queridos A+A
Un besote muy fuerte, yo también echo de menos nuestros cafés, el día menos pensado me presento por allí.
Por cierto, he visto por aquí unos incensarios que harían vuestras delicias...

Alfredo,
me has hecho reír con ganas con la ocurrencia...exactamente eso era lo que llevaba la señora :-))))

Nativi,
la mezquita del billete es la que aparece en el billete de 1 libra. Me dijeron que no se podía visitar,pero ya ves que no es cierto. Es preciosa y está en un callejón perdido del Cairo antiguo.

Un abrazo a todos!!!