Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos...

lunes, 7 de diciembre de 2009

Nubes en el cielo, vacas en la acera.

Toc, toc...aquí estoy, de vuelta en El Cairo y parece que todo sigue igual, sólo el cielo se ha vuelto plomizo y anda revoltoso, con ganas de descargar la mancha de nubes negras que acarrea. Algo inusual por estas tierras.

En mi primer paseo matutino he llegado hasta la embajada de Argelia y me he encontrado con que el despliegue policial que dejé a mi partida a Europa seguía por la zona, aunque esta vez, más recatado, sin los feroces aditamentos antidisturbios que utilizaron para disuadir a la peña futbolística cuando se puso revoltosa.

Los policías estaban repartidos en grupos a lo largo de la calle, pero en lugar de tener una actitud de alerta, se encontraban cómodamente despatarrados en sillas de plástico negro, junto a una mesa en la que no faltaban ni el té ni los cigarrillos. Algunos charlaban acaloradamente y otros miraban sus mensajes de teléfono, pero lo que se dice, vigilar, vigilar, ninguno lo hacía, así que me pareció más una medida disuasoria que otra cosa.

Los soldados rasos se apelotonaban aburridos en los furgones, prensando sus caras en las rejas, observando cada falda que pasaba, larga o corta. Cuando alguno daba la voz, un tropel de cabezas asomaba por la puerta para valorar el "material", con una codicia descarada.

Avancé con la melodía de las suras coránicas que salían de algún teléfono móvil y que se mezclaban con las de la radio, puesta a todo volumen, del vendedor de bombillas de la esquina.

A punto estaba de llegar a mi café favorito cuando un olor putrefacto me hizo cambiar el rumbo de un brinco y taparme la nariz con la misma aprensión que si me hubieran lanzado una bomba química.

No podía explicarme de donde procedía semejante fetidez, pero no tuve que buscar largo rato. Allí mismo, a un par de metros, en la acera, me encontré con un enjambre de moscas hambrientas revoloteando sobre la piel abierta y cubierta de sal de una vaca recién desollada que alguien pretendía curtir. La imagen me resulto ilusoria, aquel enorme pellejo putrefacto tendido en mitad de un paseo, entre los árboles, junto al muro de una escuela y cerca del domicilio de varios embajadores...se me tuvo que quitar el susto para que mi cerebro consiguiera entender aquel hallazgo.

Así que ya veis, cuando uno cree que ya ha visto de todo, El Cairo le pone a prueba y siempre pierdes, o ganas, depende de como lo mires, porque material para relativizar el mundo tendrás de sobra y no sabrás lo que es aburrimiento.

4 comentarios:

Daniel y Vanessa dijo...

Esperate a cuando Vayas a la India...
saludos.

Alfredo dijo...

Güau Celia,

Gajes del oficio egipcio netalmente. Nunca me a tocado ver tal cosa aunque en León, Gto., se curten miles de pieles para después lucirlas en bellísimas chaquetas y zapatos o cinturones.

Saludos cordiales y bienvenida a El Cairo.

Alfredo.

Anónimo dijo...

me lo creo todo, todo, todo. estoy aqui. pasada total y eso que conozco la india y conocía el cairo; las cosas a nada que las analices son tan parecidas y tan diferentes.... ahi esta la magia de los sitios. celia describes genialmente eso tambien ayuda a conocer.

El Castor dijo...

Esta tarde he leído todo el blog, desde la tintorería hasta aquí. Me parece muy interesante y espero que tenga una larga vida.
Saludos.