Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos...

lunes, 1 de junio de 2009

Al-Azhar y el círculo vital.

Algunas veces, cuando la locura de la ciudad me ha ganado la partida, le doy la espalda enfurruñada, me obceco y reniego con rabia de las muchas razones por las que la quiero.

Días en que aborrezco el tráfico y el ruido, los interminables edificios grises de
hormigón y el caprichoso pavimento entrecortado e intransitable que se me ofrece como hábitat diario. Cuando llego a esta sinrazón sé que ha llegado el momento de cambiar los polvorientos aires del desierto por árboles de copa frondosa y verde, por jugosos frutales y plantas en flor, por fuentes arrulladoras y estanques.

Contrario a lo que podáis creer, no me hace falta recorrer muchos kilómetros para encontrar el lugar de mis sueños, es más, os diré que se encuentra en el centro de El
Cairo histórico, próximo a las mezquitas, los mercados y los callejones que tanto amó Naghib Mahfouz.

Es el parque Al-Azhar, treinta hectáreas de praderas verdes cuyas lomas dominan la
ciudad ofreciendo unas maravillosas vistas de los singulares barrios y edificios del corazón de "La Victoriosa".

Allí arriba el aire es fresco y los días claros. Desde cualquiera de sus paseos hay vistas
inolvidables. La Mezquita de Alabastro, la del Sultán Hassan, o la de Al Rifai aparecen a vista de pájaro entre callejuelas y apretados edificios, minaretes, madrasas y cientos de tejados que ponen en evidencia la curiosa e intensa vida de los cairotas.

Y esos tejados son, precisamente, mi pasatiempo favorito. Me siento a mirarlos e
intento imaginar la vida de quienes los ocupan. Siempre descubro algo nuevo, pero si intento buscar lo que me sedujo la última vez, ya no lo encuentro, se perdió en mi recuerdo, como si todo aquello fuera efímero.

Lo habitual es encontrarlos llenos de palomares, de sillones, mesas y alfombras, de camas y televisiones, de cabras, gallinas y gatos, de humeantes pucheros y tendederos de ropa, como si necesitaran el cielo abierto para poder vivir. Para algunos es su único espacio, construido clandestinamente sobre el edificio que cuidan, sobre las gentes para las que trabajan. Dicen que aquí se sienten útiles, en su pueblo, no hay nada que hacer, ni nadie a quién atender.

Un día así me llena de optimismo y me da cientos de pretextos para querer a esta ciudad impredecible. Así, sin darme cuenta, entro en proceso de reconciliación con el singular mundo que me ha tocado vivir y comienzo a extrañar los aires del desierto, los edificios de hormigón y el entrecortado y sucio asfalto de las calles cairotas. Volvemos a iniciar el círculo.




8 comentarios:

Marcoiris dijo...

Creo que todos necesitamos en nuestras ciudades un lugar como el que describes. Sin ellos todo seria mucho mas duro. Recuerdo que en cada ciudad que he vivido siempre he buscado ese sitio donde perder la mirada o caminar y que me sirva de tearapia...
un besin :o)

Rachel dijo...

No tuve el gusto de visitar este parque pero entiendo a lo que te refieres al decir que a veces es necesario tomarse cierto tiempo para alejarse del ruido y de los edificios.
Un Beso.
Raquel

Anónimo dijo...

Precioso lugar y tienes razón que es el sitio ideal para perderse unas horas, yo lo hice la última vez en la puesta de sol coincidiendo con la llamada a la oración y no creo que pueda olvidar ese momento, disfruta tú que puedes de ese lugar. besitos.
Me entristece ver la foto que has puesto para iniciar el relato porque va a ser verdad lo que me han comentado de que han pintado las cupulas de la mezquita con pintura plateada...vaya desastre!!:((

Ana dijo...

¡Que poética!, me encantó leer como haces para reconciliarte con esa ciudad caótica como ninguna. No conocía ese parque, me hubiese gustado ir cuando estuve en El Cairo.

Un saludo

C.Ruiz dijo...

Hola Marcoiris!,
así es, pero por aquí no hay mucho verde donde elegir, por eso descubrir un lugar así es más terapéutico.

Rachel
pues ya tienes "novedad" para tu próximo viaje, no te olvides, las vistas merecen la pena.

Amparo,
mira que yo miraba las cúpulas y pensaba, qué raro, por qué brillan tanto? sin ocurrírseme ni por asomo que las hubieran pintado, my god!!tengo que enterarme, ya te contaré.

Ana,
te digo lo mismo que a Rachel, es un lugar que no hay que perderse, es muy tranquilo y tiene un restaurante muy bonito y una cafetería con terraza y vistas sobre los tejados.

Abrazos a todos!!

Anónimo dijo...

Es curioso. Ayer mismo estuve allí.Tuve un día en el que hubiera gritado con todas mis fuerzas: ¡¡¡¡JALAAAAAAASH!!!!(o "basta yá", en castellano).Es insoportable el ruido en esta ciudad.Genera un estres dificil de sobrellevar para una occidental como yo.Aún siendo española(gritamos mucho allí también).
Es, sin duda, el sitio más recomendable para coger fuerzas y continuar.
Un saludo.

Alfredo dijo...

Celia:

Vivimos, como tan bien lo has descrito, Al-azahr. Creo que todos nos habremos preguntado alguna vez, de como y que nos mantiene en cierta ciudad o lugar. De cualquier manera, vale la pena y te llena de más sabiduría.

Saludos cordiales.

g.delapola dijo...

He disfrutado de lo lindo con ese recorrido a vista de pajaro y con esas fotos tan "cairotas"


Saludos.