Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos...

miércoles, 17 de junio de 2009

Historias de bodas y camellos

Moustafa se casa. Me lo contó el primer día que le conocí, en una de esas eternas esperas al ascensor, siempre ocupado por los más variopintos personajes.

La naturalidad con la que inició la historia me dejó pasmada. Después del cordial saludo de presentación y temiéndose una espera más que razonable, se arrancó a hablar.

Conocía a su novia desde que eran niños, me dijo orgulloso. Tengo fotos con ella, tan antiguas, que puedo decir que ninguno de los dos teníamos dientes. Las familias, viejas amigas, vivieron muchos años en
Doha, la ciudad más aburrida del mundo me dice encogiéndose de hombros como preguntándose a qué se debe semejante e insufrible cualidad.

Me asombró la facilidad para confesarme sus planes y despertó mi curiosidad por aquel mundo del que me hablaba y que me resultaba tan remoto. Hubiera querido saber mucho más de la vida de aquellos desconocidos personajes, pero renuncié a preguntar y me acostumbré a esperar a que él me informara de manera voluntaria.

Algunas veces lo encontraba con aspecto ágil, despierto y ya sabía que todo marchaba viento en popa. Otras veces llegaba taciturno y al primer estímulo, contaba con resignación los avatares de los últimos días, información que comprimía en lo que tardaba el muchacho de la farmacia en entregar su pedido en el octavo y volver a bajar.

Un día le encuentro con cara de haber trasnochado y me cuenta que el salón del hotel dónde iba a
celebrarse la boda se había incendiado, justamente el día anterior, a dos semanas del enlace. Respira y continúa, he tenido que trasladar la organización a otro hotel, dice aliviado pero con media voz para no invocar a la mala suerte.

Le pregunto por el banquete, pero no parece encontrar esa conversación muy interesante y me sorprende saltando al relato de una típica boda
qatarí. Sabes?, allí se entierran los corderos en la tierra y se van asando al calor durante muchas horas. Para las bodas grandes se preparan varias piezas enteras, a veces también se cocinan camellos.

La idea me divierte. Un camello enterrado en el suelo...vaya, es un animal muy grande no?. Se ríe y me aclara que lo cocinan por partes, pero las patas se hacen enteras. Aunque a él le parece de lo más normal, yo sigo sin imaginarme las dimensiones del agujero que hace de caldero para las extremidades de un camello, aunque si pienso en el desierto, inconmensurable...encuentro sitio para esto y para mucho más.

Hombres y mujeres celebran por separado, bien en un hotel o en grandes tiendas montadas en los jardines de sus casas. Los hombres, en sus espectaculares atavíos blancos, se sientan en cómodos cojines frente al asado, que se sirve entero en grandes bandejas. Colocan su mano izquierda detrás de la espalda y comen con la derecha, arrancando de un tirón las piezas de carne. Son muy hábiles dice, yo no podía competir con ellos, siempre sacaba los
trocitos más pequeños.

Ya estaba a punto de preguntar sobre el papel de las manos en la cultura gastronómica de los pueblos del golfo cuando se abrió la puerta del ascensor y apareció
Mohamed, con su puchero, dejando tras de sí el penetrante olor a comino que reviste, durante horas, hasta el aire. Pero queridos, este es otro banquete y otra historia.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Celia por todas estas historias...me encantaria poder asistir a una boda, he visto alguna en los hoteles, pero estar dentro de una de ellas debe de ser muy interesante.besitos.

C.Ruiz dijo...

Amparo!!!
estás ya por aquí????

Anónimo dijo...

No guapa!!...ya querria yooo, pero aterrizo el domingo 28 de junio a las 20.15h. con egyptair., tranquila te mandare un correo con mi número egipcio y asi nos podemos poner en contacto...mil besitos.

Nativi dijo...

Creo que para los musulmanes el matrimonio es una obligación, y cuando toca hay que buscar esposa como sea. Tengo entendido que en muchos casos se ocupa la familia de estos menesteres.
Imagino que habrá pocos solteros, y ni te cuento ¡pobre de las solteras!
Igualito que aquí, pero 50 años atrás.
Saludos

Lupis dijo...

Que curioso, esa manera de cocinar no me es ajena. En esta parte del sureste Mexicano uno de los platillos tipicos es la cochinita pibil, que se prepara asi, horneada bajo la tierra :)
Y bueno, no ubico bien a Mustafá, pero las bodas son tan hermosas. ¡Que vivan los novios!

C.Ruiz dijo...

Nativi,
tienes razón, el matrimonio está "recomendado" aunque luego hay montones de divorcios, un hombre sólo necesita pronunciar 3 veces "te repudio" y el divorcio es un hecho.Y los singles??? pues sí, no creo que por aquí tengan mucho éxito social.

Lupis,
también tenéis la barbacoa de hoyo!! qué rico platillo...y la cochinita, qué te voy a decir!!! una delicia,no sabía que también se cocinaba en la tierra.

Un abrazo y buen fin de semana!!!