Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos...

viernes, 2 de octubre de 2009

Cuando el desierto no está desierto. Wadi El-Aat

El primer día en el Sinaí esperé con absoluta pasión la llegada de las horas que preceden al crepúsculo. La idea de atravesar silenciosamente aquellas montañas rojas y sus arenales, de pasar entre los escasos arbustos y encinos y sentarme a esperar a que el sol se apagara, me pareció una cura perfecta frente al caos que siempre me acompaña en "la victoriosa".

La recomendación la encontré en una guía de viajes alternativa y me
pareció que aquella propuesta era realmente para viajeros independientes, así que mantuve la esperanza de encontrarme con un entorno relativamente "virginal".

El desierto te da una agradable sensación de soledad e inmensidad terrenal sin dueño. En este entorno es difícil imaginar que alguien pueda colocar una barrera entre dos piedras y cortar la entrada a ese infinito que se extiende hasta donde la vista alcanza.

Pero una cosa es la imaginación y otra la realidad, así que encontrar un puesto de policía en mitad de la nada me sorprendió y no pude imaginarme de q
ué malhechores o facinerosos estaban protegiendo aquel desierto interminable, con una barrera de madera de apenas 3 metros de longitud.

Y me pararon, sí lo hicieron y aunque me temí lo peor, conseguí el permiso para continuar cuando hice la firme promesa, de regresar por aquel improvisado paso al infinito.

Pasé aquella singular frontera con la ilusión de contemplar un paisaje
que prometía ser original e impredecible y casi me entraron ganas de soltar grititos y saltar en el asiento, pero aquella emoción infantil me duró más bien poco.

No había avanzado más que un par de kilómetros cuando me sorprendió el lejano ruido de motores, así que me volví y una cegadora polvareda me sacó del sueño de Moisés.


Lo que me encontré en aquel sin fin, fue una larga caravana que cruzaba el valle serpenteando y que traía a la primera expedición de turistas subidos en quad, esa endiablada moto de cuatro ruedas. Y digo la primera, porque calculé que cada cinco o diez minutos, aquella barrera se subía para dar paso a decenas de ellos.

El panorama, lejos de molestarme, me produjo un alborozo tremendo, más relacionado con la sociología y mis ansias de conocer el comportamiento humano, que con otra cosa y me paré a un lado de la pista para verles pasar, algunos a medio vestir, con las sonrosadas lorzas al descubierto, pero todos con sus cabezas y bocas cubiertas con pañuelos palestinos, rojos o negros. Aquello no podía ser verdad, parecía que les habían preparado para buscar entre adversidades y peligros el Santo Grial.

Así me mantuve durante un rato, viendo subir y bajar la barrera y haciendo toda suerte de elucubraciones sobre el sentido de los viajes organizados y de la aventura prefabricada.


Y mientras allí estaba, vi a lo lejos cinco autobuses vacíos, cuyos pasajeros llegaban montando camellos de paso lento y cansado. Me pareció el colmo, así que me alejé, con una enorme sensación de alivio y dejé atrás aquellas caravanas de exploradores ficticios.

Bajando el valle, apenas un par de kilómetros fuera de la pista, todo se calmó. Entonces pude ver aquellos colores, cada vez más rojos, más intensos y el nebuloso manto que fue cubriendo todo hasta desaparecer.

Sentí pena por aquellos. Tan cerca estaban, pero tan lejos.

4 comentarios:

JAVIER dijo...

Un bonito relato que nos permite con facilidad trasladarnos hasta el momento mísmo que observabas todo aquello que bien describes.

Saludos aun desde Japón.

Nativi dijo...

Querida Celia, ya no quedan lugares virgenes.
Todo es susceptible de negocio, y ya se sabe, los "turistas" pagamos por todo.
Saludos amiga.

Alfredo dijo...

Así de nacos son los turistas que desean ir a montar un camello en el desierto. En México los turistas no van a montar burros que yo sepa. Se les trata como "celebridades".

Saludos cordiales Celia.

Ángeles dijo...

Bueno, comentarios, los justos, que época de consumismo tan horrorosa!!!Privilegiada!Besitos españoles y axuxaos!