Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos...

domingo, 31 de agosto de 2008

Tertulia semanal de Radio Euskadi. Graffiti

Aquí podéis escuchar algunos temas tratados en el blog y otros nuevos como el transplante y donación de órganos entre musulmanes y cristianos, asunto que va a levantar ampollas.
Emisión del 28 de agosto de 2008
Emisión del 20 de agosto de 2008
Oskar, es mi compañero y cuenta todo lo relacionado con la cultura japonesa y además graba el programa, gracias!

sábado, 30 de agosto de 2008

Un perro viajero. Aterrizaje en El Cairo.


Por fin, después de interminables semanas de trámites conseguí, a principios de agosto, entrar en El Cairo con mi perro, una pastora vasca de armas tomar. Ya se que habrá quien diga, y qué? qué tiene eso de raro?. Bueno, pues para esos espíritus inocentes es esta historia.

Cuando supe que nos mudaríamos a Egipto, primero se me cortó la respiración y luego dí saltos de alegría. Esto puede parecer extremo, pero tenéis que entender que después de vencer el susto que me produjo la noticia, por inesperada, me acordé que toda mi vida había sentido una gran fascinación por los faraones, las pirámides y, como no, por las historias de Naguib Mahfuz. Así que entre una cosa y otra, andaba yo ocupada y lo último que se me ocurrió hacer fue pensar en mi perro. Y no lo hice porque ella, que es muy echada p'alante, se apunta a un bombardeo.

No me faltaron ofertas de amigos que querían quedarse con ella, pero yo me mantenía empecinada en no dejarla en manos de nadie por muy buenas que estas fueran. Y digo esto porque Yola y Edith tienen las mejores del mundo e insistieron en quedársela en "consignación" hasta que yo quisiera regresar. Madre e hija, adorables las dos, estuvieron conmigo muchísimo tiempo organizando la vida familiar y cuidando del chucho-consentido cada vez que salíamos de viaje.

Cuando se enteraron de nuestra partida lloraban y se lamentaban sin poder imaginarse cómo iba a ser la vida sin ella. Supongo que si Gorbea (el chucho) pudiera hablar, también me diría la tristeza que le causó esta separación, acostumbrada como estaba a compartir a escondidas un desayuno consistente en tortas, tamales u otras delicias mexicanas. A veces las pillaba y me miraban con ojos inocentes, pero los relamidos del perro delataban el pecado...otra vez??? pero si eso es picante!!! y así descubrí que mi perro-fino comía más chile que un mariachi.

En fin, pronto puse manos a la obra y comencé a indagar en la web sobre los trámites necesarios para viajar con la mascota a Egipto. El susto que me pegué fue enorme cuando descubrí con espanto, que el perro es un animal impuro en el islam, sí, impuro, habéis leído bien. Y este pequeño detalle hace que el animal sea muy poco popular y lleve, en muchas ocasiones una vida que hace honor a su nombre. Por eso hay varias asociaciones egipcias muy involucradas en la protección del perro, como S.P.A.R.E. y ESMA.

En mis trece por no abandonar al animalillo, investigué y contacte con expatriados en El Cairo, que me confirmaron que las condiciones no eran las mejores. A pesar de todo, dijeron, hay muchos que traen a su mascota...pero ninguno de ellos conocía bien los trámites a seguir.

Después de varios intentos en vano buscando la información de marras, decidí preparar todo para llegar a Alemania, nuestra primera escala, y luego realizar el resto de los trámites allí.

No creáis que esto fue la panacea, la gente andaba igualmente perdida porque las leyes cambian y puede ocurrirte, me decían, que saques a tu can fácilmente y luego no lo puedas repatriar a Europa. Entonces me hablaban de diferentes posibilidades, pero de nada en concreto. Así, que después de muchas vueltas aterricé telefónicamente en la oficina consular del país en cuestión, en la ciudad de Frankfurt.

Llamar allí es una tarea que recomiendo para arreciar el carácter. Uno se pasa horas perdidas marcando y volviendo a marcar y vaya, nadie contesta... Pero un día, lo hacen y te encuentras con que pasas de un auricular a otro hasta dar con alguien que pueda atenderte en alemán o inglés. Si consigues traspasar la primera barrera del idioma y pasas sin más preámbulos a hablar de tu perro, la armaste!! porque no entienden qué interés puede tener un ser humano en semejante animal...entonces se suceden los malos entendidos, la mala comunicación, y te quedas con un pip, pip, pip, pip, perdido y sin saber qué otra puerta tocar.

Pero un buen día recapitulé y me atreví a llamar de nuevo. Y vaya suerte... me atendió un señor encantador que me dijo amablemente lo que tenía que hacer, es decir, ir a Frankfurt, pagar 35 euros y recoger el sello especial para poder realizar el viajecito de marras. Y tan facilito, sin tanto misterio, oye, qué cosas tiene la vida...

Pues bien, así lo hice y me presenté en aquel lugar llena de curiosidad. Había mucho silencio, así que pasé encogida de un despacho a otro, pensando en mimetizarme con los muebles para no levantar sospechas...Bajito, bajito, conté entre susurros la historia del perro con la esperanza de que no me oyeran los otros funcionarios y me sacaran de allí a pescozones. Cuando acabé, el hombretón me miró gravemente, yo agaché las orejas, él levantó las cejas y dijo agitando el aire con la mano, espere fuera.

Lo conseguí! lo conseguí! Después de semanas de certificados, de médicos oficiales, de esperar a que las vacunas reaccionaran, de visitas y más visitas al veterinario, lo conseguí! Me pusieron el visadooooooo.

Y cuando por fin llegué al aeropuerto de Al-Qahira, La victoriosa, con un pasaporte canino lleno de sellos y firmas, nadie me hizo ni caso, naaaaadie!! mi perro apareció como una maleta, es decir, en la cinta transportadora. Dos tipos fornidos cogieron el box y lo colocaron en el carrito y nadie me preguntó nada, naaaaada!!!!!

Y todo esta historia, para qué??? es que no tenemos nada mejor que hacer??? vamos hombre!

martes, 26 de agosto de 2008

Mercados de El Cairo. Khan El-Khalili y aledaños.

Lo que más aprecio del famoso mercado cairota de Khan El-Khalili es lo sencillo que resulta salirse del circuito de turistas y perderse por sus estrechas calles. Es entonces donde se te presenta de sopetón el verdadero carácter de El Cairo viejo.

Montones de pequeñas y polvorientas calles, terrazas improvisadas, tiendas de artesanos, carnicerías, verdulerías, pollerías donde sentenciar a muerte al pollo más lozano y un sinfín de pequeños negocios indescriptibles.

Pasear entre las calles se hace tarea difícil. En algunos lugares los adoquines han dejado paso a enormes agujeros, y el pavimento se diluye y se convierte en caminos de tierra que encierran sorpresas y fluidos inesperados.

A pesar del panorama que os acabo de pintar, es uno de los lugares más auténticos y encantadores de la ciudad.

El pasado viernes, día de oración, decidí darme una vuelta nocturna. Cualquier disculpa es buena para acercarse hasta los barrios del downtown y yo, después de semanas de eterna mudanza, necesitaba algunos artilugios de limpieza. Emat, el taxista, sabía inmediatamente dónde debíamos ir...la tienda del gobierno, madame...es la mejor y allí no nos van a engañar con los precios.

Para llegar allí, tuvimos que recorrer unas cuantas calles abarrotadas de compradores curiosos, de esos que todo lo miran y todo lo tocan. Las tiendas son la alegria del barrio
, con sus luces de neón, no pasan desapercibidas. Los vendedores vocean la mercancía a pleno pulmón y si no te apuras te persiguen varios metros prometiéndote los perfumes más exóticos y las especias más deliciosas, mientras los propietarios se sientan en las puertas de sus negocios fumando solemnemente una Shisha. En fin, una delicia para ojos y almas curiosas.

Entre todo aquel barullo, me encontré con una pequeña tienda especializada en vestimenta islámica y coranes. En un par de semanas, tengo previsto viajar a Arabia Saudí, así que me animé a entrar con la intención de comprarme una de las prendas negras que cubren el cuerpo y que son obligatorias en el país.

Emat, que se las pinta haciendo de intermediario, se encargaba de preguntar, revisar, subirse en la escalera buscando tallas, comprobar los tejidos, vamos, que no tuve que abrir la boca y pude dedicarme a fisgonear a mi antojo.

Lo primero que me ofrecieron fue un chador que pesaría unos 30 kilos. Aquello eran unos faldamentos largos y negros de tallas inmensas que deben colocarse en la parte superior de la cabeza y caen hasta el suelo, dejando al descubierto sólo la cara. Ni corta ni perezosa me eché aquello por encima y me lo ajusté bien debajo de la barbilla. Completada la operación, el peso de la tela me hacía imposible mantener el cuello erguido.

Cuando salí, en busca de aprobación, me di cuenta de que mi imagen causaba consternación, P. y Emat me miraban con cara de circunstancias...no, no, no, dicen al unísono frunciendo el morro, eso no...hay que buscar otra prenda, una abaya, esas son ligeras y bonitas. Así que me liberé de aquella prenda imposible y me pasé a la siguiente tienda especializada en abayas.

Una abaya puede ser una prenda exquisita, bordada con los hilos de las mil y una noches y adornada con brillantes cristales, perlas y cualquier otra preciosura. La prenda es muy ligera y se coloca a modo de abrigo sobre los hombros, acompañada de un pañuelo que se deja suelto sobre el pelo. Es una prenda muy común entre las mujeres del Medio Oriente y dicen que debajo de ella, van vestidas con las mayores exquisiteces. Esto me animó en mi búsqueda, pero después de cierto tiempo, la algarabía de las calles me interesó más y decidí dejar esta tarea para otro momento.

Salí para adentrarme en la parte más antigua del barrio. Allí, me topé con una vieja mansión que a juzgar por su aspecto, vivió tiempos más esplendorosos. Un hombre estaba sentado en el pórtico, en penumbra. Enseguida notó el interés y se acercó para explicar que aquel lugar fue construído por sus antepasados hace más de 200 años y que ahora esperaban apoyos económicos para su restauración. Me invitó a pasar al interior y en una semioscuridad de ensueño imaginé viejos tiempos de vino y rosas.

Restos de pintura y frescos en las paredes, suelos de marmol, arcos árabes y herrerías con filigranas, allí estaban, contando la historia de una familia de El Cairo a través de los siglos.

El Cairo es así, una caja de sorpresas que a veces se muestran y a veces no...

jueves, 21 de agosto de 2008

Viaje en tren a Alejandría. La Corniche y la playa.

Todo el mundo en El Cairo te dice que el tren es, sin duda, la mejor opción para viajar a Alejandría y la razón que argumentan tiene su peso. La autopista que une ambas ciudades, llamada Alexandria Road, es una de las más peligrosas del país, y los conductores, que en Egipto están totalmente asilvestrados, se desmadran ansiosos de llegar al mar y hacen que la cuota de siniestralidad sea una de las más altas del mundo.

La primera vez que viajé a la ciudad de Alejandro Magno, el energúmeno que me llevó me tuvo en vilo los 200 y pico kilómetros de trayecto, saltándose a la torera cualquier norma de urbanidad, chinchando a los demás con el claxon y zigzageando, zig, zag, zig, zag a velocidad de vértigo por todos los carriles, que debían ser suyos.

Así que conociendo el percal, he decidido seguir la recomendación de los amigos y esta mañana he ido a la estación de tren con la intención de subirme por poco más de 3 euros en el vagón de primera clase del famoso tren con destino a Alejandría.

La estación a primera hora de la mañana es un hormiguero. Un intenso ir y venir de pasajeros, empleados, policías y muchos ancianos despreocupados que matan el tiempo en cualquier esquina.

A la hora prevista, un montón de vagones cochambrosos aparece con cierto donaire en el andén. No veo ningún cartel que me indique el destino, así que para estar segura, pregunto y las peores sospechas se confirman, es mi tren.

Sin perder la esperanza, recorro con la mirada las secciones esperando encontrar la primera, más limpia y reluciente, pero rápidamente me doy cuenta que aquí, primera clase tiene otro significado, que creo que es que no se admiten ni pollos ni cabras.

Una vez dentro, aquello es una cámara frigorífica, no se qué pretenden conservar, pero la temperatura te mantiene alucinado todo el viaje. En el asiento delantero van un montón de niños que no dejan de tiritar, pobres.

La tapicería es convenientemente oscura, con unos toques de grasa por aquí y otros de pintura por allá. Por los cristales escurren unos churretes que tupen a la perfección la ventana y que ayudan notablemente a luchar contra el sol si tienes la mala suerte de que te caiga de ese lado. Y del suelo, qué os puedo decir!, una sima inexplorable de colores indefinidos y texturas misteriosas. Eso sí, si consigues abstraerte y entender que las cosas no son siempre como uno espera, el viaje puede ser de lo más agradable y apacible.

El trayecto dura algo más de dos horas. El tren atraviesa el delta del Nilo hasta llegar al mar mediterráneo. El paisaje es muy verde, con campos de cultivo, dátiles, plátanos y maíz y salpicado de pueblos pequeños, carros y burros por todas partes.

El viaje se hace corto y sin darte cuenta llegas a la estación, donde montones de taxistas esperan en el andén a los viajeros más desorientados.

El trayecto hasta el malecón de la playa dura unos 20 minutos. Se circula por una ancha avenida de varios carriles que discurre paralela al mar y que separa la playa de la primera linea de la ciudad con sus edificios residenciales, terrazas y comercios. Aquí no hay semáforos, y los pasos de cebra no tienen ningún significado, por lo cual los peatones se tienen que jugar la vida para llegar al otro lado. Y lo peor de todo, lo tienen que hacer varias veces al día.

El espectáculo es increíble. A pesar de ser el centro de la ciudad, los cientos de coches circulan a unos 80 o 100 kms por hora, en tres o 5 carriles, dependiendo de la zona. Hoy he visto familias enteras cruzando para llegar a la playa, con montones de bolsas, llevando bebés y niños de la mano que apenas podían andar. Los coches no paran, les esquivan, es un milagro que no les pasen por encima...aunque he oído decir que hay muchos atropellos diarios.

Allí me quedo mirando un rato hasta que yo también consigo llegar al otro lado. Me asomo con mucha curiosidad para ver como pasa un día de playa una familia musulmana.

En la playa no cabe un alfiler. El espectáculo me tiene hipnotizada, no veo trajes de baño, ni bikinis ni tumbonas al sol, tampoco hay chiringuitos, ni cervecitas, ni lolailos ni nada de nada, pero la gente parece estar pasándolo bien, o no?.






lunes, 11 de agosto de 2008

Una mezquita sin nombre


Una tarde, antes de las vacaciones, Emat, mi querido taxista, vino a buscarme con el propósito de llevarme a un lugar “secreto” a comprar una tele.

En estos lugares se supone que los precios están ajustados y que uno puede encontrar cualquier bicoca. Eso sí, olvídate de ir solo, porque sin la ayuda de un cairota aventajado, te perderías en el enrevesado entramado de calles de la parte antigua de la ciudad y además, sin hablar el idioma, la negociación del precio se podría convertir en un rifirrafe que no te llevaría más que a un ataque de nervios.

Emat, que es muy decente, me hace las veces de protector y traductor. Con semejante tarea se siente muy honrado y no deja que nadie me moleste, faltaría más. Se mueve entre sus paisanos con aplomo y soltura y pone a todo el mundo firme cuando la ocasión lo amerita.

Pero en fin, tengo que deciros que esta no es la historia que quiero contar. Lo que realmente me entusiasmó de aquel día fue descubrir la ciudad de noche y los barrios populares plagados de gente que circulaba animadamente entre las calles. Las tiendas de textiles, las alfombras árabes y las especias, el olor a cúrcuma, canela y tomillo, y la algarabía en las terrazas de los cafés donde los amigos se reunían a fumar Shishas.

Y en aquel ambiente, tan propicio para la ensoñación, me topé por casualidad con una mezquita, engalanada de tal manera, que me hizo revivir días de verano y feria. Me deslumbraron cientos de luces y guirnaldas, tanta gente entrando y saliendo, y las fabulosas alfombras orientales colgadas por todas partes…tenían que celebrabar algo especial...

Regreso curiosa al coche y le pido a Emat que me acompañe a echar un vistazo. Por suerte, llevo en el bolso un chal largo, que suelo usar para combatir los chorros helados del aire acondicionado y que ahora me viene de perlas para cubrirme la cabeza y poder entrar en el recinto sagrado. He aprendido a ponerme el hiyab sin espejo ni alfileres, con tal maestría que nadie diría que soy una advenediza. Así que de esta guisa llego a la entrada y me quito las sandalias poniendo las suelas hacia dentro y sin saber muy bien lo que hacía, subo las escaleras que conducían a la sala de oración de aquella singular mezquita.

Detrás de mí oigo un alboroto, no, no, noooo, no puede entrar!! me dice un individuo de seguridad y me invita amablemente a largarme de aquel lugar. Emat le dice que me dejen asomarme un poco, que soy extranjera y que por favor que hagan una excepción. La cuestión, me dice Emat, es que están celebrado un acontecimiento especial, el nacimiento de uno de los grandes maestros suníes, y no admiten visitantes, pero que van a ver si desde dentro, los maestros me permiten la entrada al área de mujeres.

A partir de ese momento, el tipo es mi guardián y me invita a seguirle con gesto decidido. Antes de separarme, me da tiempo de amenazar a Emat con matarle si se le ocurre moverse un metro de donde yo le he dejado. Me sientan en una silla en medio de aquella marea de gente entrando y saliendo, y estoy encantada curioseando a todos aquellos personajes. El muchacho habla constantemente por radio, parece que tiene que convencer a los del otro lado de que no soy norteamericana…me pregunta otra vez que de donde vengo para estar seguro y aprovecha para pedirme, muy cortésmente y totalmente sonrojado que me abotone la blusa hasta el cuello. Cuando lo he hecho me pide perdón mil veces por el atrevimiento, pero me dice, es un lugar sagrado…

Entonces, aparece una mujer que me acompaña a algún lugar que desconozco, sin más, me dejo llevar. Pasamos por patios y más patios y el movimiento de gente es increíble, hay varios lugares de oración, y todos entonan la misma letanía que se oye por los altavoces, y ese rezo común, es una sensación indescriptible. Unos mozos de blanco cargan con enormes racimos de plátanos, otros con bandejas de dulces, vasos y teteras calientes. Parece que el festejo va a ser grande.

Pronto llego a la zona destinada a las mujeres, es una especie de corredor en penumbra, situado encima de la gran sala de oración de la mezquita. Me doy cuenta de que he hecho un largo recorrido a través de patios para llegar al piso superior de la entrada del edificio. La guía, me entrega a otra mujer que me agarra de la mano de una manera tan cariñosa que mi aprensión se desvanece. Allí, están tumbadas en una acogedora semioscuridad muchas mujeres y otros tantos niños. La mayoría me miran divertidas y me echan sonrisitas…Me asomo cautelosamente al balcón y veo decenas de cuerpos blancos encogidos orando hacia La Meca.

De mi ensimismamiento me saca el tremendo olor a pies y el vapor indefinido que sale de aquel lugar…pero decido no ponerme tonta y adaptarme a la situación. Me ofrecen te y agua, acepto todo, pero al primer trago de agua, me entra un sudor frio pensando en que seguramente será del grifo y me acabará dando cualquier cosa, pero el ritmo de la oración se acelera y pierdo la concentración en semejantes cataclismos personales.

Me sientan en una sillita de niño, y me quedo mirando un rato, el ambiente es muy relajado, todas charlan animadamente y de vez en cuando, como respuesta a una cierta llamada que desconozco, se levantan y rezan.

El calor es de justicia y el pañuelo me las está haciendo pasar canutas, así que decido salir de allí, aunque todavía no se cómo. La señora que era mi anfitriona, me abraza cariñosamente y me deja en manos de una niña de unos 8 años, que me da la mano, sin ningún miedo y me conduce de vuelta entre patios y escaleras. Cuando ya me creía a salvo, la criatura me deja en una especie de apartamento, dentro del reciento religioso, claro. Le pregunto con gestos si es realmente allí donde tiene que dejarme, asiente y desaparece.

Aquel lugar es de locos, en la entrada están sentadas dos señoras gordísimas engalanadas con sus mejores trapos dorados. No parecen enterarse que una loca en vaqueros acaba de entrar allí. Me retoco nerviosa el velo que está revirado de tanto trajín y sigo hacia adelante sin saber qué hacer. Disimulando me meto en el baño y me lavo las manos, miro hacia los lados y noto que he confundido una combinación de mujer con una toalla para las manos, la suelto espantada y salgo de allí. Paso sigilosamente por otra habitación donde me encuentro a otras señoras, tan gordísimas como las primeras, tumbadas en una cama jugando con unos niños. Os juro que es como en un sueño.

Salgo sin ningún protocolo y bajo rápidamente las primeras escaleras que me encuentro, abajo me topo, por suerte, con el tipo de la radio, mi primer guardián que me ayuda a encontrar la salida.

Allí está Emat, alerta, encantado de verme aparecer.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Tertulia de bloggers del martes 5 de agosto

Los que queráis oir un poco más sobre los temas del blog que amplío en la tertulia de los martes en Radio Euskadi, hacer click aquí.
Gracias de nuevo a Oskar por grabar el programa cada semana.

Y vosotros, seguir disfrutando, que las vacaciones se acaban!

martes, 5 de agosto de 2008

Indumentaria de la mujer árabe. De abayas y picardías.

Una de las cosas que más nos trae de cabeza a los occidentales es la indumentaria de las mujeres en países musulmanes.

Yo tuve una amiga mexicana que había vivido algunos años en Jordania y que allí intimó con otras chicas latinas. Ni que decir tiene que la mayoría vestían a la occidental, pero había una brasileña, me contó curiosa, que se veía obligada a vestir una tradicional abaya, un abrigo negro que llega a los pies y que visten muchas mujeres en los países árabes.

Puse el grito en el cielo, imaginándome a esta mujer contoneándose en otros tiempos, a ritmo de Carlinhos Brown, oculta y sin curvas detrás de largas gasas y velos. En contra de lo que podríamos pensar, esto no la deprimió, confesó mi amiga, y tan pronto se presentaba la ocasión, se quitaba los trapos y movía el trasero promoviendo la samba entre sus amigas. Y el calor? cómo sobrevivía a los 40 grados entre tanta tela?, bueno, dijo, muchas veces sólo llevaba debajo un tanga que enseñaba descarada a sus amigas entre risitas ahogadas.

Y así me quedé, con media sonrisa, pensando en la picaresca del asunto y no volví a pensar más en el tema, hasta que me tocó dar uno de mis primeros paseos por El Cairo antiguo, la parte más islámica de la ciudad. Allí confronté de nuevo el tan traído y llevado vestuario, viendo pasar a cientos de mujeres de negro, las más conservadoras tapadas hasta los ojos, con guantes y calcetines que esconden cualquier atisbo de piel.

En los mercados locales las ves por todas partes, en grupitos familiares, curioseando por todos los puestos y escarbando entre las pilas de medias, bragas y sujetadores de copas extra-extra grandes. Me resulta contradictorio que los vendedores, todos hombres, parezcan no tener ningún pudor a la hora de ofertar estas mercancías tan íntimas. Y los mariditos? Qué pensarán?.

Paseando, me encuentro con una calle de tiendas especializadas en moda femenina. Echo un vistazo y me quedo boquiabierta. En el exterior cuelgan provocativos saltos de cama rojos transparentes, con plumas de marabú, vestidos entallados de lentejuelas con una especie de agujero central por el asoman hasta los calcetines , pantalones de talle descaradamente bajo, vamos, el paraíso de una stripper profesional. Lo que más perpleja me deja, es que al público que abarrota la tienda, todo mujeres, no llegas a verle ni un centímetro de piel, todo lo llevan cubierto, solo sus ojos curiosos se mueven rápidos de prenda en prenda.

Y esto no debe ser algo insólito. Ya lo dijo Torralbo, el diseñador español que trabajó durante varios años para la casa real de Arabia Saudita. Sus mujeres son las más sexys del mundo, son las únicas que en privado se atreven a vestir modelos transparentes que dejan ver la casi totalidad de su cuerpo.

Algo para sonreir y pensar, sin duda.

miércoles, 30 de julio de 2008

Grabación de la tertulia en Radio Euskadi

Queridos amigos,

Habréis notado que la actividad del blog se ha relajado un poco...No pasa nada! sólo estoy de vacaciones, disfrutando del buen tiempo y de mis paisanos...y prometo que pronto estaré de vuelta con más historias.

Ayer, participé otra vez en la tertulia de bloggers vascos en el extranjero que emite Radio Euskadi. Oskar, que vive en Japón y yo, charlamos sobre nuestras experiencias en estos dos países, tan diferentes del nuestro.

Os envío el enlace a Ikublog, donde podéis oir la grabación completa del programa. Durante el verano habrá más tertulias. Os iré avisando sobre la marcha.


Gracias a los chicos de la radio y a Oskar por la grabación.
Nos vemos!

sábado, 19 de julio de 2008

Escenas en el aeropuerto de El Cairo


En el aeropuerto de El Cairo hay especialistas en descubrir quien anda perdido o quien necesita ayuda. Incluso aunque te muevas con soltura tratando de disimular tu desconcierto, habrá quien se te acerque preguntando Can I help you? y seguramente podrá.

Estos curiosos personajes, que pasan por atentos empleados, están dispuestos a decirte dónde recoger tu billete electrónico, comprar visados, facturar el equipaje y si te empeñas, comprarte un bocata. Cuando al final de sus amables indicaciones te despides lleno de gratitud, ellos se frotarán enérgicamente el pulgar y el índice y te dirán money, money?

El otro día caí en manos de uno de ellos, un tipo bastante sólido, un armario, vamos. El individuo me indicó dónde encontrar la oficina de Egypt Air y me acompañó los pocos metros que me separaban de ella. Cumplida la misión susurró, money, money, instándome a sacudirme los bolsillos buscando, sin suerte, algo que darle. Le miré desolada, no encontré ni un clavel. En ese momento supe que tenía que escabullirme y rápido. Allí le dejé, gesticulando, enfadadísimo mientras yo me escurría entre la gente hasta perderle de vista.

Amigos, no os dejéis intimidar por un asunto de este tipo, ni por tipos extra large. Las propinas no son obligatorias en el aeropuerto, incluso os encontraréis con carteles que indican que no deben darse.

Ya liberada, seguí mi camino hasta el mostrador de facturación. En esta época del año las colas son inmensas, hay muchísima gente que viaja. Miro a un lado y a otro buscando mi compañía aérea y veo, sorprendida, que en medio de aquel trajín de viajeros hay una zona bastante aislada donde espera nerviosa una mujer vestida con su traje nupcial largo y almidonado.

Al principio sólo me resultó curioso y no le presté demasiada atención. Me imaginé que era una recién casada y esperaba ver aparecer en cualquier momento al novio que estaría peleándose con el energúmeno del money, money. Qué incómoda manera de viajar, pensé, y es que el traje se las traía, con una especie de can-can en la parte inferior que le iba a amargar el viaje de novios.

Pasaba el tiempo y del supuesto novio o ya marido, ni rastro. Entonces me busqué una esquina desde donde poder observar la escena sin molestar y allí me di cuenta de que todo el mundo miraba de reojo a la pobre chica. Era como un espejismo. A un lado de la terminal, el ajetreo de los viajeros yendo y viniendo, largas colas y carros con maletas y al otro, ella, jugando nerviosa con su ramo de flores y la miraba perdida siempre en la misma dirección.

Al cabo de una hora seguí mi camino hacia la sala de embarque y la dejé allí, plantada, esperando, como Penélope.

La olvidé tan pronto empezaron a llegar otras presas con las que entretenerme, mujeres cubiertas con guantes y velos blancos, otras más atrevidas con sandalias de stripper escondiendo enormes moños bajo pañuelos de lentejuelas y muchas manos desconocidas maquilladas con henna.

Por fin llegó la hora de desplazarse al avión. Me levanté y miré hacia la pista. De repente, en la sala de al lado, tras el cristal, la vi, con su vestido de novia y su ramo, iba sola, preparada para subir al avión rumbo a algún lugar que no se, pero que daría sentido a esta historia. Y en ese momento, se me pasó por la cabeza La novia siria, también sola, emprendiendo camino hacia un altar muy lejano, con su vestido nupcial y su ramo, cruzando a pie la frontera, entre soldados, sin familia, sin amigos...Hoy, todavía me acuerdo de esta, de la que tuve tan cerca, qué será de ella...

domingo, 13 de julio de 2008

Herederos de los grandes constructores de pirámides.


Me he pasado las últimas 9 semanas viajando de un lugar a otro, haciendo y deshaciendo maletas y no se cómo he podido sobrevivir con esta alegría a semejante trajín. El optimismo con el que inicié esta aventura cairota me dio, sin duda, energía para doblar y desdoblar, colgar, colocar, extender y un par de días después, volver a empezar.

A medida que pasaba el tiempo, el desbarajuste iba campando a sus anchas. Junto a ropa y calcetines, viajaban cargadores de teléfono, una plancha, un camello de peluche, el salchichón que me traje de Alemania y un chorizo para las lentejas, en fin, un batiburrillo sin ningún glamour que iba paseando por países y hoteles.

Por suerte, entre viaje y viaje, tuve tiempo de alquilar una bonita casa, sin cortinas con chorreras ni columnas doradas y garras de león. Pero a pesar de lo que decía el contrato, el momento de entrar a vivir nunca llegaba, envueltos como estábamos en un torbellino de obras interminables concebidas por un dueño de lo más peculiar.

Cuando ya había perdido la esperanza, me llegó la buena noticia, nos iban a entregar las llaves de la casa. Después de interminables chapuzas y muchas semanas de retraso, todo estaba listo y funcionando. Di volatines, tiré cohetes y abracé a P. enfervorecida. Biennnnnnn! Biennnnnnn! Así entré en una casa en la que sólo había una cama y dos sillas. Pero esto me pareció el paraíso, después de lo que me había costado poner un pie ahí dentro.

Ya a la firma del contrato, me había parecido que el casero era un personaje de lo más curioso, pero que queréis que os diga, el amor es ciego y la casa me encantaba. Esta manía suya de rizar el rizo se convirtió en una pesadilla. Cada vez que llegaba el momento de la entrega, volvíamos al principio, se repintaban paredes, se barnizaba por quinta vez el parquet, o se picaban todos los azulejos de la cocina porque habían quedado algo torcidos. Calidad ante todo.

Y qué vas a hacer, dime, ahí le dejas cambiando azulejos...al final, podría ser peor. Y es que en mi corta experiencia en esta increíble ciudad me he encontrado con exóticos de todo tipo. Una vez vi una casa en alquiler, donde la dueña, derroche de flexibilidad, había fijado todas las camas con cemento al suelo, sí, con cemento de levantar tabiques. Que no querías camas? ahhhhh, que querías una? pues toma dos!!

Pero volviendo a mi historia…

A la vez que se retocaba cada menudencia, se dejaba de hacer lo elemental, colocar lámparas, poner enchufes y ventanas, acabar el baño, ya sabéis, todas esas cosas sin las que la vida no es tan agradable.

Un día sí y otro no me pasaba por allí con la esperanza de que hubieran terminado, pero siempre les pillaba con la brocha haciendo retoques. Los albañiles ya me conocían, “Hallo Madame”, me sonreían y me hacían señas para que entrara. El regocijo por mi visita era grande. Y desde luego, si no me lié a tiros en todo ese tiempo, fue por la enorme simpatía que me despertaron.

Uno, de ojillos rojos y cara flaca debía ser el jefe del grupo y hacía conmigo siempre el mismo recorrido, la cocina, el baño, la habitación...eeepa! aquí entro un día y me encuentro a un muchacho arrodillado sobre un pedazo de cartón. Está rezando. Se pliega sobre sí mismo varias veces hasta tocar el suelo con la frente y repite con un murmullo una oración...me quedo pasmada y me paro en seco. Realmente no se que hacer. Estas escenas se repiten a diario en los lugares más insólitos, en la garita del policía, en el portal de las casas, la sala de espera del dentista, el bar…y nadie parece notarlo.

Sigo el recorrido intentando descubrir que es lo que habían hecho en los últimos días, pero no veo adelanto alguno. Calculo los días que han pasado desde mi última visita por 8 horas de trabajo y por número de albañiles y llego a la conclusión de que son unos mantas.

Desconsolada pregunto con señas y con las pocas palabras que he aprendido de ellos, qué van a hacer hoy, si por fin van a terminar, pero el flaquito se encoje de hombros y señalándome con el dedo hacia el suelo dice poniendo cara de gran respeto Mr. Mohamed. Ahhh, voy entendiendo, eso significa que debo preguntar por el dueño, que vive en el piso de abajo.Pero no hace falta, el míster aparece en la puerta dando órdenes y se acerca sonriente.

Hablamos de esto y de lo otro y luego, le repito las mismas cosas de cada día...falta esto, aquello, qué cuándo llegan la lámparas, y los enchufes, en fin, el mismo rosario de siempre. Me amenaza con volver a barnizar el suelo pero, me nota nerviosa y me promete que en un par de días dejará todo listo. Me toca el brazo solemnemente y me susurra serio, don't worry, I want you to be happy, y mira cautelosamente a su espalda por si alguien le oye...

Bueno, pues desde esta conversación hasta la toma de posesión pasaron otras 6 semanas, es decir, 42 dias y noches de hoteles. No me preguntéis que hizo en este tiempo, prefiero no saberlo, aunque le agradezco profundamente que la primera noche, a modo de bienvenida, explotaran todos los focos de la cocina y aterrizaran en mi yogur y que además, como veis en la foto, me haya colocado una mirilla telescópica extraíble, que si me apuras te puede sacar hasta un ojo, y bueno, bueno, qué me decís de los otros agujerillos para garantizar la ventilación, eh?, sin duda, sangre de faraones.
Ole, ole y ole!


lunes, 7 de julio de 2008

Del metro y sus aromas al barrio copto


Ya llevo más de ocho semanas por aquí y hoy se me ha ocurrido visitar de nuevo el barrio copto, esta vez en metro. Primero tomé un taxi hasta Ópera y de allí, haciendo una escala, llegué hasta la parada en el corazón del barrio cristiano. Una vez bauticé en mi blog a los taxis callejeros como los SMP y ahora llamaré al metro LALO, La Longaniza, por lo prieto de las carnes.

El billete cuesta una libra egipcia y lo debes conservar hasta el final del trayecto porque si no, no sales. Antes de subir, hay que fijarse en los vagones ya que los primeros son sólo para mujeres. Si eres chico y te metes por equivocación en el de las señoras, ten por seguro que te sacan a patadas y además de eso tienes que ir a dar explicaciones a la policía, así que ojito y nada de trucos.

Yo, que estaba dispuesta a conocer el Cairo más profundo, me subí al mixto.

Entrar en un vagón de este tipo en hora punta es realmente para audaces. La gente se apelotona dentro, todos bien encajados, lo mismo dan 4 que 400, todos caben y si no pues empujan, pero nadie se queda en tierra. Si lo ves desde fuera, te dan unos escalofríos que paqué.

Así que os imaginaréis que yo también entré y a pesar de la marea humana que me encontré, conseguí que ningún hombre me rozara…cómo? Muy sencillo, los sexos opuestos no se tocan, si existe el mínimo contacto, el hombre debe lavarse antes de la oración, todo, lo nombrable y lo innombrable, de arriba abajo, vamos, lo mismo que debe hacer cuando entra en asuntos mayores con la parienta. (fuente: una divina colombiana casada con un egipcio)

Una vez dentro, crees haber entrado en un baño turco. El olorcito que emana de estos vagones es una mezcla de cordero cocido, coliflor al vapor y camembert maduro. La reacción espontánea es toser y taparse la nariz, pero yo estaba tan preocupada en mantenerme de puntillas, con una mano agarrada a un gancho que salía del techo, y con la otra a la oreja de P. que no podía prestar atención a estas manías olfativas que me habían entrado. Por suerte, el trayecto con aromaterapia sólo duró una estación y en el siguiente tramo, el tren iba mucho más vacio de personal.

Si eres chica y te decides por este medio de transporte, no se te vaya a ocurrir vestirte con tu pantaloncito de pin up, porque los hombres no te quitarán ojo y las mujeres, que van muy tapadas, tampoco te mirarán bien.

Cuando me bajé en la estación, una ola de calor me pegó en la cara y me dejó atontada. Miré en todas direcciones buscando sombra, pensé en la gruta donde se refugió la Sagrada Familia tras su huída a Egipto, pero al final elegí la Iglesia Colgante, Al- Muallaga, una de las iglesias cristianas más antiguas, data del siglo IV. El lugar es precioso, no tengo palabras, lleno de rincones y gente curiosa. Lo mejor es ir en viernes o domingo y quedarse a ver una misa, es impresionante y veréis que el cura celebra de espaldas a los feligreses.

Allí andaba yo sentada a las mil maravillas cuando veo aparecer por el pasillo central a un guía con un grupito de turistas españolas. Las pobres mujeres eran el centro de atención de todos, porque encima de su ropa les habían puesto una improvisada bata blanca de barbero que les llegaba a los pies y no sabías si salían del Spa o iban a cantar Gospel.

Al principio pensé que llevarían debajo, como única indumentaria, el trikini, pero no, iban bastante normalitas… y entonces me sorprendí, porque hacía un rato había entrado otro grupo con abundantes carnes contenidas a duras penas por finos tirantes de lycra y allí no había pasado nada, no señor…tendré que preguntar…

Y al salir, la caló seguía apretando, así que entré en una tienda y me dejé engatusar por el vendedor que entre semana es picapleitos, en fin, que salí con una foto debajo del brazo preguntándome qué iba a hacer con ella…alguien me quiere decir?

viernes, 4 de julio de 2008

Desde El Cairo para Radio Euskadi :-)

Ayer me di cuenta de que la ley de Murphy es una idiotez. Eso de "Si algo puede salir mal, saldrá mal", no tiene ningún fundamento si uno está firmemente decidido a conseguir su propósito y claro, como dicen los cairotas In šā' Allah!.

Estando en Jordania, me escribió Aintzane, del
programa Graffiti en Radio Euskadi. Me dijo que había visto mi blog, le había interesado y que le gustaría entrevistarme vía telefónica en su programa de las tardes.

Esta petición llegada de Bilbao me conmovió, la verdad, ya dice el refrán que la cabra siempre tira al monte y aunque soy una expatriada profesional, 13 años y 3 países, me ablando mucho cuando me suenan ritmos vascos. Así que dije sí, claro, sin pensar que todavía no tenía teléfono en casa, sólo un móvil que parece que funcionaba bien.

A la hora convenida, busqué un lugar en el exterior para asegurarme una buena comunicación y me fui a la preciosa terraza del hotel Marriott, allí, pensé, hay calma y un ambiente muy tranquilo.

Cuando se suponía que recibiría la famosa llamada, se me cruzó otra relacionada con nuestra mudanza que me anunciaba la llegada de nuestros muebles esta semana. Esto, que en otras circunstancias me hubiera hecho dar saltos y gritos de alegría, me puso al borde de un ataque de nervios... Oye, no había manera de dejar a aquella mujer, habla, habla y habla... no me faltó más que suplicarle que cortara, pero no había manera, ella empeñada en contar detalles que nada tenían que ver con el asunto a colación.

Unos minutos más tarde, me llama la emisora y me horroricé...no es que la comunicación fuera más o menos, no, es que NO había quién entendiera la voz de extraterrestre que salía por el teléfono, hasta llegué a pensar que había interferencias de ultratumba...

Esperaa, esperaaa, no entiendo nada...me moví de aquí para allá buscando cobertura, nada, hasta 5 veces me llamó el pobre hombre, que tenía una paciencia a prueba de bomba...

Qué hago, qué hago?? Me eché a correr, entré en el hotel y subí las escaleras de dos en dos...derrapé por el suelo, recién encerado y aterricé de bruces en el Business center. Allí me encontré en pocos minutos sentada en una improvisada esquina junto a la puerta de entrada, conectada con Radio Euskadi y escuchando la entrevista anterior.

En el momento en que oigo a la periodista decir, "y ahora vamos para El Cairo, allí tenemos a...."se abre la puerta, que casi me da en los morros y entra un nutrido grupo de gente, que se pone a mi lado y empieza a bocear con una queja al más puro estilo cairota. Por poco pierdo el conocimiento...qué desastre!.

Pero yo tenía el firme propósito de que Murphy no me amargara la tarde, así que miré hacia la pared, me concentré y lo conseguíiiiii.

P., que estaba sentado enfrente y leía el periódico, ni una foto para el blog me hizo. Dice que sólo pensaba, pobre mujer!.

Chicos de Radio Euskadi, Gracias por invitarme, lo pasé bien, bien! y un abrazo muy especial para Aintzane.

jueves, 3 de julio de 2008

Esto no es ni el Cantábrico ni una playa nudista. Es el Mar Muerto!


La vista desde Monte Nebo donde, según el relato bíblico, Dios mostró a Moisés la tierra prometida, es impresionante. En un día claro la vista llega hasta Palestina y puedes ver las montañas de Jerusalén. Desde allí sale una carretera asfaltada que desciende hasta el Mar Muerto y que discurre por un desierto atravesado por una extensa franja fértil, el valle del Jordán, donde crecen olivos, plataneros y toda clase de árboles y plantas.

Cuando llegas a la carretera de la playa, te topas con un puesto que da a los turistas la bienvenida. No lo hacen al estilo de Mr. Marshall, no. En esta improvisada oficina de turismo te encuentras a un tipo sentado en un observatorio y con una especie de aparato ametrallador o lanzabazocas, no se bien, que gira y apunta a todo el que pasa por delante. Mon dieu! debe ser que los israelitas están muy cerca... En fin, la temperatura allá abajo, había subido como 6 grados, así que tendríamos unos 45 ó 48 del ala.

Fuimos a una playa pública que nos costó 10 euros y alquilamos unas toallas por otros 2. Entré en los vestidores de señoras y de los más sofocada, me despegué las ropas y me cambié de indumentaria. Hacía un calor de la GRAN, pero encima del traje de baño, decidí ponerme de nuevo los pantalones y la camisa para bajar hasta la playa. El caso es que todavía no conozco las costumbres de baño en esta región y no me atreví a dar la nota. Un momento antes me había cruzado con una señora que llevaba una especie de traje de buzo de neopreno, del cuello a los pies. Por encima de esto, se había echado otra prenda del mismo material que parecía un vestidito tieso hasta las rodillas y en la cabeza, un gorro al estilo de los que usaba Cousteau para sumergirse en las profundidades siderales. Os imaginaréis que con este panorama, yo podría parecer fácilmente una fresca sin vergüenza alguna.

No había ni gota de sombra en las escaleritas que bajaban a la playa, vaya caló. Por suerte encontramos una palapa con sillas en la sombra, seguramente a unos 40 grados nada más. Así que ropa y sandalias fuera y pa´l agua. Pero vaya achicharramiento! los cuarenta y muchos grados también los teníamos en la arena. Después de andar un par de metros, tenía los pies abrasados, miré dando saltitos y calculé la distancia de regreso o seguir hasta la orilla y opté por seguir corriendo como pude por encima de las miles de piedras pequeñas que se me clavaban en las plantas.

Y por fin el agua refrescante, allá voyyyy…me tiro y jolín, jolín, qué era aquello?… qué temperatura!!!, 38 grados!!, me dieron ganas de salir como un resorte, escopetada, pero miré y la perspectiva de la arena ardiendo no era mejor. Y las piernas!, era el colmo! me escocían como locas y me acordé de la reciente depilación y claro, del nivel de sal del mar, pero no había para dónde tirar y tuve que relajarme y hacer repetidamente OMMMMMMM. No olvidéis esto, chicas y chicos. Nada de afeitados o cosas por el estilo antes de zambullirse en este mar.

Entonces empecé a experimentar con la flotación y os juró que es flipante. No hay manera de nadar, la mejor posición es panza arriba, no hay que hacer nada, te quedas así y ya. Si intentas nadar, cada vez que te pones de costado el mar te deja en la misma posición, mirando al cielo, es como si fueras un tentetieso, no tienes elección.


Estos jueguitos están bien para unos pocos minutos, porque con esas temperaturas del agua, no hay quién resista dentro. Sales pegajosísimo por el salitre y otra vez la carrera sobre aquellas piedras hacia la ducha, que esperas sea fría, no? por qué iban a tener agua caliente, me queréis decir? Cuesta dinero y además, no es necesario.... Ja, Ja,Ja, ilusos… me abraso la espalda con el chorro y pego un grito! 45 grados, sentencia P. y os juro que él entiende de eso.

En fin, esto es el Mar Muerto, las calderas de Pepe Botero a 400 metros por debajo del nivel del mar. Pero no os desaniméis por mi relato, ir, tenéis que ir!. El color del mar y del cielo, Jericó y las montañas de Jerusalén, el desierto con los asentamientos beduinos, caballos y camellos, es una de las mejores cosas que veréis en la vida.

Nos vemos!





miércoles, 2 de julio de 2008

De bigotes y música jordana















Ayer andaba yo en el este de Amman, cenando en un restaurante con nombre de cuento de hadas "érase una vez..."Aunque cueste creerlo, hacía un frio que pelaba, los techos eran muy altos y el aire acondicionado estaba a tope. En estos lugares hay que ser precavido y tener siempre a mano algo que echarse encima.

En la mesa de al lado se sentaba una familia norteamericana con dos chicas adolescentes que, por cierto, eran unas ridículas. Y digo esto porque no paraban de reir y gesticular cada vez que entraba alguna familia jordana vestida con el traje tradicional. De dónde vendrían, me pregunté, porque si en algún lugar del mundo hay estos exotismos y muchos otros es en USA. En fin, la escenificación era tan buena que rápidamente entendí que lo que más chirigota les causaba era el poblado bigote de las señoras de más edad...me sonreí y pensé en el mal negocio que es la depilación en algunos lugares.


La comida era un espectáculo. Bandejas y más bandejas con toda clase de delicias frías y calientes, entradas jordanas, sopas, asados, cordero, caza, dulces orientales, en fin, que se me apareció la tentación en forma de cazuela. Junto a la comida, había una pequeña cava de vinos que nadie tocó. Miré en todas las mesas con curiosidad y sólo encontré agua, en la nuestra también. Creo que el tema del alcohol lo toman en serio, por lo menos en público.

Después de semejante atracón, lo que me apetecía era una sobremesa tranquila, pero el frío y un músico del tipo "somnífero oriental" me dieron la noche. Las primeras piezas las escuché con atención, incluso aplaudí con entusiasmo, pero después de dos horas, no había cristiano que pudiera seguir con aquella tortura.

Llegó un momento en que ya ni los aspavientos de las americanas me mantenían despierta. Pero de pronto, de las cuerdas sale una musiquilla arabesca que me resulta muy conocida, escucho y escucho y reconozco por dios, por dios, un Porompompero!!! que el hombre somnífero masculla en árabe sin la gracia gitana de Manolo Escobar, of course. Ya no sabía a qué atenerme, me esperaba ver saliendo cualquier cosa, trajes de faralaes, peinetas y claveles, pero no, al final, no.

Hoy me pregunto, igual que aquello del huevo y la gallina, quién fue el primero con lo del porompompón, nuestro Manolo o alguna eminencia palestina. Al que tenga el dato, le ruego me informe, plis.

Y como este blog me ha salido muy musical, aquí va una información muy interesante para el que vaya a visitar en julio Jordania, el Festival de Música, en el que participarán, entre otros, Plácido Domingo y que tiene lugar en diferentes sitios históricos al aire libre, como la maravillosa antigua colonia romana -aprox. siglo I antes de Cristo- de Jerash o Gerala. Disfruten!






lunes, 30 de junio de 2008

La final desde Amman


Lo del fútbol lo debo llevar en la sangre. Mi padre, que fue directivo del equipo de mi ciudad durante muchos años, me llevaba todos los domingos al estadio a ver el partido. No voy a decir ahora que semejante plan me pareciera bonito, no, pero algo se me debió pegar.

La afición por aquella época era grande, me encantaba fisgonear a escondidas la caja de Montecristos donde él guardaba unas fotos con Santiago Bernabeu, y otras de sus viajes a Alemania y Francia para ver a la selección. La cosa era tan seria que mi hermano, por ejemplo, salió en todos los periódicos como el socio más joven porque a mi padre, no se le ocurrió otra cosa que correr al club que estaba a la vuelta de la clínica e inscribirle con unos pocos minutos de vida.

Y bueno, un@ de mis herman@s
, no se perdía nunca un partido del Athletic y cada vez que marcaba, le daba por celebrarlo con un lingotazo. Recuerdo los aprietos que nos pasamos una vez cuando llegó a casa después de una goleada, no había manera de esconder la fechoría... En fin, estaréis conmigo en que lo del fútbol va escrito en algún gen.

Pero bueno, eso es parte de una historia de fútbol, y la de ayer, fue otra.

Todavía estaba en Amman, así que ayer me tocó ver el partido entre montones de gente que vitoreaban a un equipo y a otro. Esta experiencia, nunca la vives en casa, donde todos miran poseídos a la misma portería y saltan al unísono cuando hay gol.

Tuve el placer de sentarme entre 3 alemanes, el mío, y dos hombres de negocios de paso en la ciudad. Uno de ellos, el pobre, se secaba el sudor y se levantaba enfervorecido a cada rato gritando FAAAALTA. Se rompía las vestiduras con el árbitro y con todo el que le parecía y cada vez que su equipo se acercaba a la portería votaba en la silla y gritaba gooooollll, para luego sentarse desconsolado y mirarme desconfiado con el rabillo del ojo.

Por otros frentes, había saltos y vítores hacia el equipo de Luis Aragonés, pero no me preguntéis en qué idioma se hacían, a veces, me parecía que jaleaban y entonaban con un cierto acentillo desconocido, pero estos jordanos, se las sabían todas, sobre todo el oé, oeoeoé, oé, oé...que retumbaba en el bar como música de fondo.

Lo importante, ganamos, hubo abrazos, saltos y más abrazos. A mi familia y amigos alemanes, les mando un abrazo, yo se que no me tomarán a mal este derroche de euforía ante la victoria.

Nos vemos.

domingo, 29 de junio de 2008

De Petra, burros y eurocopas


Estoy en Amman, llegué justo el día en que España jugaba la semifinal contra Rusia. El bar del hotel parecía un fumadero de opio, grupos de gente de quién sabe qué parte del mundo y muchísimos jordanos que gritaban como enloquecidos cada vez que España marcaba gol. Sentados en la barra, hicimos hermandad con varios desconocidos que en su júbilo abrazaban a todo el que se ponía a mano. Curiosa experiencia sobre los misteriosos lazos que unen a los pueblos de esta manera.

Al día siguiente había que madrugar. Viaje a Petra, qué emoción!.

Hicimos el recorrido en 2 horas y media con un taxi de los que en El Cairo llamaríamos “ni fú ni fá”. Tuve que repantingarme en el asiento trasero porque no había reposacabezas y los asientos, a pesar de estar en buenas condiciones, eran incomodísimos, además el aire acondicionado generaba corrientes polares y tuve que echar mano de un chal, que he aprendido a tener siempre a mano.

EL viaje es interesante, recorrimos muchos kilómetros de desierto de arena y piedras, pero también pasamos por pueblitos y pequeños asentamientos, vimos montones de rebaños que nos recordaron al “cordero sagrado” e incluso una boda beduina. Mereció la pena.

En Petra hacía un calor de justicia. El recorrido por el antiguo imperio de los nabateos se hace a pié, aunque puedes alquilar burros, yeguas y pequeños carruajes. El paso por el cañón es impresionante, un paisaje rocoso y estrecho que se formó por la apertura de la tierra en algún seísmo y que a través de los años fue esculpido por la erosión del viento, la arena y las lluvias torrenciales. La emoción es increíble porque sabes que al otro lado te esperan los tesoros escondidos. Y no te decepciona.

El famoso pórtico de la tesorería, el más famoso de Petra, se te aparece impresionante, escondido detrás del estrecho cañón. A partir de este punto se abre el campo visual y se disfruta de un paisaje increíble de montañas rosas esculpidas con monumentos funerarios majestuosos que han perdido su definición por el clima tan extremo del desierto.

Más adelante hay un teatro de estilo romano, calles con columnas, obeliscos, templos, altares para sacrificios y el monasterio de Ad-Deir. Es uno de los parajes más impresionantes que he visto en mi vida.

Una vez llegados a este punto y después de unas tres horas de recorrido, el guía nos propuso regresar en burro. En burro? puse el grito en el cielo… pobre burro!, tener que transportar semejante carga, pensé. Pero el guía, dale y dale, hablando de los terribles efectos del calor y la deshidratación, así que aceptamos la propuesta que consistía en hacer el recorrido a la inversa, no serían más de 20 minutos, dijo, el paisaje es precioso y pasaríamos por un poblado beduino.

La cosa no sonaba mal, sobre todo para él, que seguramente se conseguiría una bonita comisión, así que llamó a nuestro taxista y le pidió que nos esperara en aquel poblado para llevarnos de regreso a Amman.

Nos llega a recoger un beduino experimentado. Nos subimos a la grupa de estos pobres animales e iniciamos la marcha llenos de ilusión, nos miramos y pensamos que parecemos San José y María en su huída a Egipto.

Al burrero no le debió parecer atractivo nuestro viaje y en cuanto desapareció el guía, paró la caravana, se bajó de su yegua y nos entregó en manos de un niño de unos 9 años, quién debía conducirnos a nuestro destino. Y es a partir de este punto, cuando la cosa se va poniendo emocionante.

Después de unos cuantos metros, el bonito camino rural de piedrilla y arena se torna en una estrecha carretera asfaltada empinadísima por donde circulan enormes Patrols con permiso especial. Vaya, esto no es lo acordado…miramos alrededor y nos vimos solos, en medio de la carretera, encima de los burros, con más de 40 grados y con un infante como guía.

Oigo a mi espalda el motor de un coche, pienso que es peligroso e intento parar al burro, pero el burro, que por algo se llama así, hace lo que quiere, y no hay manera de hacerle a un lado, sigue empecinado su camino, igual que el coche, suavemente, hasta que los dos se encuentran y me hacen un sandwich. Le increpo al burro de dos patas que parece no enterarse de nada. Una vez más me digo, que tengo que aprender árabe.

Le digo al niño que controle a sus animales, pero inocente de mí, no hay manera, el niño es eso, un niño y el burro, un burro! y no reconoce amo, bien por él!

Pasan un par de vehículos más y vemos que no vamos a poder seguir así…La pendiente aumenta, las curvas también, no hay visibilidad y los burros derrapan que da gusto. Estamos acaloradísimos y en el camino hemos perdido las botellas de agua y para colmo, la criatura nos pregunta que adónde vamos…pero, cómo que adónde vamos???, le digo, tú eres el guía!!!…mira con cara de no saber muy bien…ayayayayay!

Ante semejante panorama, nos apeamos de los animales y decidimos pedir ayuda. Paramos a un viejillo en un carricoche. El habla y gesticula y nosotros no entendemos nada, pero parece decir que regresa en 5 minutos para llevarnos al pueblo. No estamos seguros, así que paramos a una señora, que nos dice en un inglés nativo, que no les está permitido recoger turistas en el camino…en segundos, me acuerdo de todos sus muertos.

Al final, aparece derrapando en la curva, una especie de pequeña ambulancia destartalada. Aunque no tienen sitio, nos van a llevar. Abren la puerta trasera, y miro con aprensión pensando que hay un enfermo, pero no, sentados medio acurrucados viajan un francés, un soldado y un niño. El conductor extiende una camilla y nos invita a tumbarnos o sentarnos, optamos por lo segundo. La tarea es complicadísima porque no hay espacio, tenemos que plegar el torso casi hasta las rodillas para no darnos de cabezazos con el techo. Y en esa posición, viajamos unos cuantos kilómetros, rodando en cada curva encima del pobre soldado. La situación es tan disparatada, que nos miramos y rompemos a reír de tal manera que todos nos miran estupefactos y después de un rato nos acompañan en un alborozo contagioso pero que no entienden.

Todo mereció la pena por estar allí.

Y hoy, iremos de nuevo al bar, esta vez será España contra Alemania y espero poder abrazarme con todos esos desconocidos apostados en la barra del bar, jaleando a un equipo por quién sabe qué lazos de fraternidad. A por elloooooossssssssss
.

martes, 24 de junio de 2008

Pasajeros con destino a Hurghada


Hace unos días me tocó visitar la famosa Hurghada, centro turístico en el Mar Rojo y pude compartir sala de espera, vuelo y hotel con cientos de turistas de toalla y chancleta.

La experiencia vivida echó por tierra mi convencimiento, de que la gente que viaja a Egipto es amante de grandes historias, de construcciones y ruinas milenarias, de los viejos cafés y de las mil y una noches.

Este simpático espécimen que encontré, no se conforma con la piscina de su pueblo, no. Recorre miles de kilómetros con el firme propósito de llegar a la playa. Una vez allí, se atrinchera en su hotel all inclusive, construido en mitad del paraje más inhóspito del mundo. Come y bebe en previsión de meses de escasez y dormita en la hamaca entre otros muchos traseros de su misma nacionalidad.

Pero bueno, esto es reflexión, nada más. Mi viaje comienza saliendo de casa. Como siempre, un tráfico de locos, y ya os he contado como las gastan los taxistas cairotas, yeeeeeeeepaaaa…nada nuevo, lo que si lo fue, fue toparme con un policía de control de equipajes un tanto revoltoso.

Antes de pasar por el arco de seguridad, dejo mi maleta de mano en el escáner, cuando Ufff dice el poli llevándose las manos a la cabeza, una plancha! Eso está prohibido madame…le miro estupefacta, jamás había oído semejante cosa, lo de los frasquitos y los mililitros ya me lo sabía, pero una inocente plancha, prohibida!, en cuestión de segundos comprendí. Montones de imágenes se me pasaron por la cabeza, vi a un pasajero atizando con la plancha al piloto, quemaduras de tercer grado a las azafatas, estrangulamiento con el cable, en fin, puras perrerías terroristas que al final derribarían el avión y que me hicieron darme cuenta del peligroso objeto que pretendía transportar.

Resignada a perderla ahí mismo, me dispuse a entregarla…pero amigos! el revoltoso me guiña el ojo, mira a derecha e izquierda, agacha la cabeza escondiéndose detrás del monitor y susurra, money, money…vaya, pensé, esto me suena...entonces llega la lucha interna, me tengo que portar bien...pero miro con ojos golosos mi plancha, además nueva! y me entra la tentación de deslizarle un billete en el mostrador...en fin, qué dilema moral, pero un grupo de turistas que se amontonaba en la terminal me salvó, circule, circule, dice alguien...con remango cojo la maleta y desaparezco en el tumulto.

Y ya sabéis, pasados trámites y aglomeraciones, llega la espera y con ella la calma y es cuando a mí me da por fisgonear todo lo que pasa a mi alrededor.

La sala se va llenando con turistas de diferentes nacionalidades, todos hacen escala, ninguno se queda en Cairo. Entra el primer grupo, veo caras orondas color cabracho, unas señoras mollejudas que van peinadas estilo años ochenta, de ángeles de Charlie reinventadas, otras estilo rock and roll furioso, ummm…esto me huele a peluquería de pueblo.

Entre unos y otros veo a una abuela anglosajona flaquita, como de 75-80 años que se ha vestido como para una tarde de Rodeo, camiseta de lentejuelas con la pechuga al aire, pantalón capri con flecos y sandalias de plataforma, vaya humor! me encantan estas extravagancias. En la cabeza lleva una pamela enorme de paja con flores rosas de mimbre, en donde ha conseguido, no se cómo, encajarse unas gafas de sol doradas tipo psicodelia. Está divina y así lo siente ella a juzgar por los contoneos que va dando entre los pasajeros.

Aunque el aire acondicionado nos tiene con 16 grados, al lado de Miss Rodeo, hay un grupito de despelotadas. Han salido de sus casas en Laponia, en tirantitos y bikini, dispuestas a tirarse a la piscina del hotel nada más llegar, no sea que vayan a perder un minuto del all inclusive. En fin, es una fauna de lo más variopinta, pero dónde están los egipcios??? Aquí, desde luego, no. Empiezo a desorientarme cuando nos llaman para subir al avión.

Dice usted, avión? pero esto es un avión? Madre mía!, no sabía que también había aviones tipo ¨santa-maría-purísima¨!!. Uyyyyy que canguelo me entra…

La tapicería no había visto un trapo en su vida y estaba llena de parches, rotos y despeluchados a partes iguales. Las ventanillas, portaequipajes y bandejas, medio descacharrados. Si al salir, te apoyabas en el asiento del pasajero de delante, se pasaba de rosca, te caía encima y le dejabas al pobre hombre en posición horizontal, como en una tumbona, la alfombra salpicada de manchas, y el motor hacía unos ruidos que no sabías si estaba perdiendo piezas o si el esfuerzo era tal que iba a reventar… en fin, quieeeeero salirrrr de aquíiiiiiiii!!! pero fuera, todo oscuro, el desierto nos espera… y dentro todas esas pamelas, esos tirantes y esos bikinis, socooorrooo.

Vi que nadie se inmutaba, entretenidos como estaban en planear sus días de playa y de copiosas meriendas. Y en esas elucubraciones estaba yo cuando me dormí hasta que el golpazo del avión sobre la pista me avisó que ya habíamos llegado.

miércoles, 18 de junio de 2008

Taxistas cairotas


En el Cairo uno puede vivir montones de experiencias, unas veces exóticas y otras, caóticas. Para mí una de las preferidas, porque conjuga ambos elementos, es la de viajar en taxi.

Estos vehículos, que dominan el tráfico cairota, se pueden dividir en 3 categorías. Los “vip” tipo limusina, escasísimos y para bolsillos sólidos, los “ni fú ni fá”, que son en su mayoría marcas japonesas que ni chicha ni limoná y por último, los del tipo “santa-maría-purísima” que son los que tomamos la mayoría de los mortales y que están dotados, casi siempre, de 4 puertas, 4 ruedas y un señor o incluso a veces, un energúmeno sentado al volante. Estos son, sin duda, los mejores para saborear la idiosincrasia de este pueblo sin par.

Entre los adelantos técnicos que incluyen los “s-m-p”, el más innovador es el aire acondicionado. La tecnología se basa en 4 ventanillas abiertas y algún que otro agujero por aquí y por allá que te orea altos y bajos a las mil maravillas. Es un sistema de ventilado muy completo, porque pone en movimiento un aire de 40 grados con toda una gama de olores que van desde el caucho a la gasolina y desde los desechos urbanos a los desechos humanos. Advierto a los que suelan usar peluca o dentadura postiza, la dejen en casa, porque el remolino que se produce en el interior es tal, que se la arrancaría de cuajo.

Los interiores son totalmente equipados. La consola delantera, que a veces va sujeta con esparadrapo, suele ir adornada con un tapete de peluche tipo cordero, un artilugio prehistórico de buen tamaño que parece un taxímetro, el libro sagrado, algún vaso de te, cucharillas y cualquier utensilio que uno pueda necesitar para sobrevivir un par de días en caso de guerra.

La comodidad no es su fuerte, pero oye, qué quieres, así es el estilo deportivo. Los asientos, dejan tan poco espacio, que uno se queda encajado y como el viaje sea largo, se te dislocan las caderas y no hay cristiano que se baje sin la ayuda de algún transeúnte.

En cuanto a los taxistas, los hay muy tranquilos. Son los que van escuchando la radio por la que sale un sonsoniquete adormecedor que te pone la cabeza como un bombo. Luego están los cagaprisas, que se lanzan a la carrera como si te estuvieran llevando de urgencias al paritorio. Sacan el brazo y tocan el claxon o mejor dicho el pito para todo, cuidado que voy, hazte a un lado (piii), ahora doblo a la izquierda y luego a la derecha (pí, pí, pí), ahora me meto por prohibido (repiiiiiiiii), y después me subo por la acera para atajar (pí, pipipí, pí) en fin no sabéis lo que es eso, sales atolondrado, eso si sales, porque a veces te encuentras con que las puertas en lugar de manillas, tienen agujeros y no hay quién las abra desde dentro. Saltar por la ventana? la idea no me parece tan descabellada.

El viernes, me tocó uno de los adormecidos. Estaba en la acera, mirando un mapa, cuando por casualidad levanto un brazo y 5 unidades del grupo "santa-maría-purísima" frenan en seco. Me subo echando virutas al primero que pillo, porque con la caló que hace pues no está la cosa como para hacerse la remilgada. Egytian Museum, balbuceo, el hombrecillo del turbante arranca y me mira perdido, de las dos palabritas que he dicho, no ha entendido ninguna. Repito varias veces, pero nada. Qué hago???

El taxista sigue su rumbo... me va a dar algo...pero recuerdo el nombre de la calle, Tahrir, respiro hondo y empiezo a gesticular nerviosa, emito ruidos, doy saltitos, represento una momia, tutankamon...nada... le toco 20 veces el hombro desde atrás para ver si me entiende, pero no hay manera...STOOOP! grito con autoridad y recurro al plan B, que es el más extendido entre la población y que consiste en vocearle al conductor más cercano, para que haga las veces de traductor y le explique al interfecto dónde está el lugar al que pretendes ir. El tráfico se detiene, el mundo también, todos quieren ayudar, todos gesticulan teatralmente y gritan yamin, yamin, *ala tul, schmal, *ala tul. Bien!, Bien! funciona!, en El Cairo, la solidaridad, funciona y yo... llego a destino sana y salva...Santa María Purísima!

miércoles, 11 de junio de 2008

¿Bidé económico o Escobilla supersónica?


A mí que me expliquen qué hace este artilugio en todos los baños públicos que he tenido el placer de visitar en mi ir y venir por tiendas y restaurantes en Dubai.

En El Cairo, es elemento habitual en los domicilios particulares y lo digo, porque en mis andanzas buscando casa, siempre me lo encontré. Esto me llevó a pensar que era una ocurrencia egipcia...mira, me dije, qué cacharrín tan curioso, será para hacer las abluciones en profundidad, un bidé ocurrente y económico, si señor.

Pues en ese convencimiento estaba yo, cuando llego a Dubai y amiiigo, me encuentro este invento en todos los sitios públicos y decentes...imagínate, en el baño de un centro comercial!. Por Dios, por Dios, la respiración se me cortó...vaya contrariedad, me dije, esto va a ser otra cosa...u os podéis imaginar que alguien tenga ganas de usar esto estando de compras...? bueno, bueno, y si pienso en esas mujeres, enjoyadas, con largas túnicas de seda negra...entrando en un baño, arremangándose y procediendo a lavarse las partes pudendas y las no tan pudendas, no se, no me convence, debe ser que todavía no entiendo los usos y costumbres del desierto.

Os digo que esto me quita el sueño y uno no está para preguntarle a cualquier desconocido, oiga, y usted para que usa esto, no? Te arriesgas a entrar en aguas poco recomendables. Alguien me dijo en una ocasión que es como una mini-ducha...pero claro, entrar en detalles, pues no es cuestión.

Bueno, pues en mis noches de insomnio, pienso, ¿estará en estos países la ingeniería tan avanzada que esto es el sustituto de nuestra tradicional y miserable escobilla-despeluchada-limpiadora de WCs? Pero claro, la idea de que esto no se les haya ocurrido primero a los alemanes, descarta esta teoría....

Que alguien me ayude, plis!

domingo, 8 de junio de 2008

Hogar, dulce hogar...


Cuando supe que El Cairo sería nuestro próximo destino, corrí como loca a abrir el Google Earth y me pasé horas muertas curioseando por los barrios de la ciudad.

Vi con una emoción incontenible las pirámides , tan pequeñas...el desierto que lo ocupa todo y el Nilo... casi me da...pero a lo que vamos, lo más importante es que descubrí el lugar donde quería vivir, la isla de Zamalek.

Nada más llegar, nos pusimos manos a la obra y os aseguro que la experiencia vivida convertiría un naufragio en la Amazonia, en un juego de niños.

Ahí va el relato.

El primer día, parados en medio del tráfico. Miro curiosa el entorno y lo primero que me llama la atención, es que todas las fachadas de los edificios están repletas de agujeros. No son agujeros perfectos, delicados, no, algunos parecen estar hechos con una granada de mano, o con el método del butrón. Los vecinos los hacen a discreción, para colocar el aire acondicionado, fijar enormes antenas o quién sabe qué. Yo me digo, que la bañera no te cabe en casa? no pasa nada, agujero al canto, pones un soporte y la suspendes de la fachada. Que no falte arte para estirar los metros.

Los cables de dichos aparatos, cuelgan varios metros y algunos están pelados, con lo cual si no andas listo igual te electrocutas y… un cristiano menos. En cuanto a las ventanas, puedes tener o no, puedes ponerlas rojas o verdes, con forma oval, triangular o cuadrada, de madera o metal. Aprendan el significado de democracia, señores.

Pasemos al portal, aquí nunca sabes lo que te vas a encontrar. A veces, debajo de las escaleras, hay un colchón desbaratado, mantas, restos de té y comida, esto es, el habitáculo del portero, que normalmente es un hombretón bien plantado enfundado en una galabeya.

Las subidas y bajadas en ascensor no se las recomendaría a los nerviosillos. Me acostumbré a preguntar, en qué piso es, joven? el 18,...uyyyyy...Puertas rotas, suelos descalabrados por donde veías la caída libre que te esperaba, agujeros en lugar de botones, no sabéis lo que es meter el dedo por un sitio así y unos ruidos tan sospechosos que siempre pensabas, de esta no me libro...
Con estos detalles, todo lo que os pueda decir sobre las viviendas en sí, es irrelevante y lo dejo a vuestra ensoñación. Pero hay un lugar que sí merece ser recordado.

Se trataba de un apartamento en un edificio señorial antiguo y que desde la calle parecía que estaba siendo reformado. El portal, precioso, pero vaya por Diossss, esta vez, el colchón está en medio del hall, tiene hasta una lamparita de noche...habrá que ver...
Subimos al tercer piso, no se ni cómo llegamos, porque lo que desde fuera parecían reformas, desde dentro era el acabose, no había suelos, ventanas ni escaleras completas, faltaban peldaños, paredes, en fin, era una obra de esas en las que el casco es obligatorio. Pero amigo! en medio de aquella hecatombe, vemos una puerta de madera brillante que lleva a un apartamento totalmente renovado!! con suelo de madera, ideal, vamos, para alquilar de inmediato.

Las condiciones no podían ser mejores. Por el módico precio de 1800 dólares mensuales, te garantizaban diariamente el agradable ir y venir de albañiles, fontaneros, mozos de obra, excavadoras y taladros y además te prometían que en cuanto terminaran los trabajos, te subirían el alquiler otros 500 dólares. Para los que tengáis duda, os juro que los dueños eran normales, no aceptamos porque no incluían la boina…hasta ahí podíamos llegar…

Así pasamos los días, nunca lloramos, las lágrimas no salían, supongo que porque en toda esta guerra descubrimos un mundo entrañable y conmovedor que siempre nos contagió su risa. Y a fuerza de golpes, se nos abrieron los ojos y pudimos reconocer los grandes tesoros que esconde "la madre de todas las ciudades".

Y así, un día, nos encontramos con un lugar precioso donde vivir, en Zamalek, sí, el lugar de mis sueños, enfrente del Nilo, el río más legendario de todos los tiempos.

Y colorín colorado...